15 María, la Madre

15º encuentro de padres: María, la Madre

1. Objetivo: descubrir a María como modelo de nuestra fe, que hace posible la acción salvadora de Dios.
La Virgen María es quien abrió totalmente los brazos y el corazón para recibir la plenitud del don de Dios, y por todo eso es:
  • modelo de todo varón y mujer que se deja amar por Dios, el modelo de la humanidad que reconoce que todo lo debe a Dios.
  • modelo de todo cristiano: abierta a la palabra de Dios, al servicio de Cristo, transmisora del amor servicial (agápico) de Dios para sus hermanos...
FICHA PADRES      FICHA NIÑOS

Creer en la Encarnación es creer que el Hijo de Dios no viene del cielo en una nube: Dios se hace hombre entrando de lleno en la historia humana como entramos todos, a través y gracias a la mujer (Gal.4,4). María es la mujer asociada en forma única a los designios del Padre, su fe permite que se realice en ella la obra del Espíritu Santo (Lc.1,45)
2. Comencemos preguntando: ¿Quién es María para la mayoría de las personas? (costumbres, devociones...)? Leamos después “Los profetas habían anunciado...” (1).
Los profetas de Israel habían ido plasmando la esperanza del pueblo. El pueblo hizo suya esa esperanza, y fue "releyendo" las antiguas profecías...
"Una virgen dará a luz..." Los poetas de Israel solían llamar a las ciudades importantes y a las capitales "hija de..." o "Virgen hija de...". Isaías está anunciando el nacimiento del piadoso rey Ezequías (en oposición a Acaz, que se fiaba más del ejército egipcio que de Dios); y la "Virgen" por supuesto no es su madre, sino Jerusalén, llamada en otros lugares esposa o novia de Dios.
Pero con el tiempo, se reflexionó también sobre esta palabra, virgen. ¿Por qué se llamaba así a la ciudad santa, a la Jerusalén que debía ser? Es que a diferencia de las otras naciones que tienen dueños humanos y que siguen el destino común que les trazó la naturaleza, la fecundidad de Israel (su éxito como nación) sólo tiene por autor y causa a Dios: espera de Dios su salvación.
Cuando los profetas vuelvan a hablar de la virgen hija de Sión, se referirán al pueblo de los creyentes (Sof.3,14; Zac.2,14; 9,9) que espera la venida de Dios.
El creyente es virgen cuando reserva para Dios su corazón y no lo llena de ningún ideal idolátrico pensado por los hombres (Apoc.14,5).
En resumen, Isaías anuncia que Dios se hace presente en la vida de los hombres, cuando un corazón virgen le permite entrar en su vida...
Al aplicar la antigua profecía a María, la tradición cristiana va a expresar que precisamente en ella, la madre de Jesús, la señal anunciada por Dios se había verificado plenamente. Su corazón estuvo - sin mancha alguna - totalmente disponible para Dios (Inmaculada Concepción); y así la gracia (la plenitud de vida creadora) de Dios la pudo habitar plenamente y hacerla fecunda con el fruto máximo del amor de Dios para con los hombres: su propio Hijo.

 3. Veamos ahora cómo nos presenta el evangelio la figura de María: la Iglesia reconoce el amor del Padre dando vida en María; por medio de ella Dios se hace hombre para siempre; y es en ella, la primera de las creyentes, donde se pone de manifiesto la acción del Espíritu de Dios (en todo el tema remarcar que esto mismo, salvadas las distancias, es lo que Dios quiere hacer en cada hombre... María por sobre todo las cosas, es modelo de nuestra vida cristiana; en ella brilla el rostro materno de Dios...)

Leemos Lc.1,26-38 y destacamos:
María es aquella que escuchó la palabra de Dios, la dejó resonar dentro de si desde las primeras palabras del ángel hasta las últimas de Jesús en la cruz.
María pudo escuchar porque hizo silencio, reflexionó y meditó en su corazón la propia vida, para descubrir en ella lo que Dios iba haciendo...
María es modelo de una respuesta incondicional a Dios, en la línea de Abraham... esa respuesta, la fé, el sí, es esencialmente un ponerse a disposición del plan de Dios.
Respondemos a la pregunta (3) y lo asumimos como compromiso.

4. ¿Y que nos propone Dios a nosotros? Veamos Lc.1,39-55.
Reflexionemos el texto con las preguntas de la ficha. (4)

5. Esta es la ocasión para rezar por primera vez el Dios te salve y enseñarlo a los chicos aclarando que la primera parte es un resumen de las palabras del ángel y de Isabel y la segunda fue añadida por el pueblo cristiano para pedir la intercesión de la madre de Jesús que es reconocida como madre de todos.

6. Leemos en la reunión o recomendamos leer en casa el punto 6.

Lectura complementaria ¿Puede aparecerse la Virgen María?
Este es el título de un librito publicado por Editorial San Pablo, del biblista Ariel Alvarez Valdés, nacido en Santiago del Estero. Licenciado en teología bíblica con la máxima distinción en la Facultad franciscana de Jerusalén. Transcribimos una parte de sus reflexiones como aporte para una respuesta a la consulta planteada.

Un fenómeno antiquísimo
De vez en cuando los diarios y las revistas nos sorprenden con la noticia de que la Virgen María se apareció en alguna parte del mundo y que reveló ciertos mensajes a la persona que tuvo la suerte de verla.
Unos reaccionan de una manera incrédula.
Otros admiten el hecho como cierto, y algunos no sólo aceptan estas revelaciones y mensajes, sino que los convierten en el centro de su espiritualidad y en motivo de reflexión permanente.
El primer caso que conocemos ocurrió en el siglo III, y es el de san Gregorio Taumaturgo, obispo de Neocesarea, en el Asia Menor (+ 270), a quien la Virgen se le habría presentado para instruirlo y enseñarle algunos misterios de la fe que él ignoraba.
Tres siglos más tarde, el papa san Gregorio Magno (+ 604) cuenta que María se le apareció a una niña, de noche, para anunciarle su próxima muerte.
También de san Martín de Tours (+ 397) y san Ildefonso de Toledo (+ 567) se dice que habían experimentado manifestaciones de la Madre de Jesús durante sus vidas.
El caso más impresionante de esta época es el que se cuenta de san Juan Damasceno (+ 749), a quien la Virgen se le habría aparecido para devolverle la mano derecha, cortada por el gobernador de Damasco .

El auge de las profecías
Fue durante la Edad Media cuando se produjo la verdadera proliferación de visiones y profecías.
A lo largo de este tiempo pulularon las predicciones, los videntes, las leyendas de apariciones, los relatos de milagros y las crónicas maravillosas.
Muchas eran exageraciones carentes de valor, y algunas resultaban tan fantasiosas que un teólogo del siglo XIJI, el franciscano David de Augsburgo (+ 1272), se quejaba: "Parece que la revelación de cosas secretas y futuras es cada vez más común y seduce a numerosas personas, que creen que viene del Espíritu Santo lo que en realidad es invento de su propia sugestión, o de una inclinación errónea. Ya estamos cansados de tantas profecías".
Y san Nilo ( + 1005), con mayor dureza, sostenía: "El tener apariciones es indicio de soberbia espiritual".
A pesar de las voces criticas que se alzaban contra estas visiones, hubo muchas santas en este tiempo cuyas revelaciones ejercieron gran influencia entre la gente.
Así, además de santa Juana de Arco (+ 1431) con sus voces y visiones, fueron muy aceptadas y leídas las profecías de santa Gertrudis (+ 1302), santa Angela de Foligno (+ 1309), santa Catalina de Siena (+1380) y santa Brígida (+ 1373).
Las revelaciones de esta última fueron de tal trascendencia, que afines de la Edad Media se las equiparaba casi a las Sagradas Escrituras.

La disputa de los teólogos
En el siglo XVI los abusos relacionados con las apariciones y fenómenos extraordinarios eran realmente numerosos.
En muchas partes de Europa brotaban movimientos religiosos fundados en creencias fantásticas e inclinados hacia lo maravilloso, lo extraordinario e incluso lo esotérico.
La misma creencia popular llegó a venerar a numerosas místicas, cuyas revelaciones y mensajes eran buscados con avidez y seguidos con especial atención.
Frente a este panorama, los teólogos se dividieron en dos posiciones contrapuestas: unos a favor y otros en contra de la validez de estas revelaciones.
Entre los defensores se hallaba san Ignacio de Loyola (+ 1556), en cuya vida los fenómenos exfraordinaríos serán fundamentales.
Entre los oponentes, por su parte, hubo grandes místicos de la talla de san Juan de la Cruz (+ 1591), quien en su célebre libro Subida al Monte Carmelo comentaba con severidad: Si la fe ya está fundada en Cristo y en el Evangelio en esta era de gracia, no hay para qué preguntar más. En Cristo, Dios ya dijo todo lo que tenía que decir, y si alguien quisiera preguntarle a Dios, o buscara alguna revelación o visión, no sólo cometería una necedad sino que ofenderla a Dios. Pues Dios le podría responder: "Si ya te dije todo en mi Hijo, ¿qué te puedo ahora revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo he dicho todo" (Subida al Monte Carmelo, Libro II, capftulo 22,5. )
En esta misma línea de pensamiento, la genial santa Teresa de Jesús (+ 1582) aconsejaba a sus monjas que tenían revelaciones que no hicieran tanto ayuno, y que comieran y durmieran bien, y así dejarían de tener visiones. (Moradas del Castillo Interior, Morada IV, capItulo 3,11-13.
Epistolarío, Carta 248, a la M. María de San José, en Sevilla, párrafo 9; Carta 143, a la M. María Bautista de Valladolid, párrafo 8.)

La decisión de un Concilio
Ante tantas opiniones encontradas, y como el panorama se mostraba incierto ya que ambas posturas pretendían hacer prevalecer sus argumentos, la Iglesia decidió tratar este asunto en un Concilio, reunido en el año 1512 en la ciudad italiana de Letrán, y llamado el VO Concilio de Letrán.
El Concilio, se inclinó más bien por el segundo grupo. A fin de frenar los excesos y exageraciones que se daban, estableció que correspondía al Papa decidir si una aparición de la Virgen se consideraba auténtica o no, así como el autorizar su culto. Pero si alguna necesidad urgente lo aconsejaba, también podía permitirlo el obispo del lugar.
La decisión del Concilio no había respondido a la cuestión más importante: ¿qué valor tenían estas revelaciones recibidas por videntes particulares, en caso de ser aceptadas por la Iglesia?
¿Los creyentes estaban obligados a creer en ellas?

Se aprueban pero no obligan
Será el cardenal Próspero Lambertini, un teólogo excepcional y uno de los hombres más eruditos de su tiempo (más tarde nombrado papa con el nombre de Benedicto XIV), quien dará la respuesta definitiva a este problema.
En 1738, dos años antes de ser nombrado pontífice, publicó un voluminoso tratado, titulado La beatificación de los Siervos de Dios.
En él distinguía dos clases de revelaciones: la revelación pública y la privada.
Se llama revelación pública a la que Dios hizo al pueblo de Israel a lo largo de su historia.
Comenzó con Abraham (hacia el año 1800a.C.) y terminó con la muerte de Jesucristo y la de sus apóstoles (alrededor del año 100 d.C.).
Es decir, esta revelación duró unos 1900 años, y ya ha concluido. Actualmente está recogida en la Biblia, y se la considera obligatoria e imprescindible para la vida y la salvación de cualquier creyente cristiano. Por eso se le da el nombre de revelación "pública".
Si uno desconociera estos mensajes, no podría decir seriamente que es cristiano.
Pero aparte de esta revelación, puede suceder que Dios, la Virgen o algún santo quieran revelarle aun creyente algún mensaje personal.
Esta clase de revelación, entonces, se llama revelación "privada", porque ha sido hecha en el ámbito privado de la persona.
Y aquí viene lo importante: dice Benedicto XIV en su obra que a las revelaciones privadas "aunque hayan sido aprobadas por la Iglesia, no se les debe atribuir un asentimiento obligatorio. Por lo tanto, uno puede rechazarlas y negarse a aceptarlas"

En otras palabras, el Papa sostiene que nadie está obligado a creer en ninguna revelación privada de la Virgen, por más seria y venerable que parezca.
Y aun cuando alguna devoción fuera aprobada y reconocida por la Iglesia, no por ello los mensajes que la acompañan se convierten en revelación pública, es decir, obligatoria para la fe de los cristianos.

Las grandes apariciones

Al llegar al siglo XIX, entramos en la época de las grandes apariciones marianas, cuyas devociones no sólo comienzan a ser autorizadas por los obispos locales sino incluso recomendadas por los Romanos Pontífices.
En 1803, se producen tres manifestaciones de la Virgen a Catalina Labouré, una novicia de 23 años, en París, que darán origen a la devoción de la Medalla Milagrosa.
Como ella se negó a dar testimonio, estas apariciones nunca fueron aprobadas oficialmente. Pero de un modo tácito fueron aceptadas por la Iglesia, y la devoción a la Medalla Milagrosa se difundió por todo el mundo.
En 1846, en el pueblito de La Salette (Francia), dos pastores de 11 y 14 años vieron a Nuestra Señora que lloraba, e invitaba a la conversión de los pecadores. En esta visión la Virgen les comunicó un secreto.

En 1858, ocurrieron 18 apariciones, en el pueblito de Lourdes (Francia), a Bernadette Soubirous, una adolescente analfabeta de 14 años.

En 1917, en Fátima (Portugal), a tres pastorcitos de 10, 9 y 8 años se les presentó la Virgen en seis portunidades, y terminó revelándoles tres mensajes secretos
Como onda expansiva, estas devociones se fueron propagando por todas partes entre los fieles, que acudieron en masa a los santuarios para rendir culto a la Madre de Dios.
junto con ellas se propagó también, el afán de videncia y de contacto con lo sobrenatural.
De manera que entre 1928 y 1975 se pudieron contar 255 apariciones de la Virgen en distintas partes del mundo. Italia fue el lugar más prolífico (con 83 apariciones). Le siguieron Francia (con 30 apariciones), Alemania (con 20 apariciones) y Bélgica (con 17 apariciones).
A partir de 1975 las manifestaciones de la Virgen. lejos de disminuir, aumentaron en forma considerable, hasta en los lugares más remotos de la Tierra.
Actualmente ya no es extraño conocer en nuestro medio a personas que se presentan portando mensajes y revelaciones de Nuestra Señora para los creyentes.

No todo viene de Dios
¿Qué actitud debemos tomar nosotros frente a un mensaje supuestamente revelado por María?
En los casos en que la Iglesia no se pronuncia oficialmente (es decir, el 90% de las veces, ya que conserva sobre ello una extrema prudencia), ¿podemos nosotros averiguar si una determinada visión tiene cierta seriedad o es mera sugestión del vidente? No solamente podemos, sino que debemos hacerlo.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: A lo largo de los siglos hubo revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Guiados por el Magisterio de la Iglesia, los fieles deben discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia (Nº 67).
El Nuevo Catecismo, nos advierte dos cosas:
a) que no todo el que dice recibir revelaciones sobrenaturales las recibe realmente, ni todos los mensajes que se anuncian vienen necesariamente de Dios; muchos son producto de la imaginación de tales personas. Por eso advierte que hay que "discernir", es decir, distinguir entre las que son auténticas y las que no lo son.
b) que esta tarea le corresponde a los fieles (guiados por el Magisterio de la Iglesia).

Por lo tanto, no debemos esperar que sobre cada mensaje que circula de la Virgen María se pronuncie oficialmente la jerarquía de la Iglesia, sino que son los laicos quienes deben aprender a diferenciar lo verdadero de lo falso.
Pero, ¿cómo discernir? ¿Cómo podemos saber si un mensaje proviene realmente de la Virgen o es una fantasía de quien lo difundió?
¿Existe alguna regla práctica que se pueda aplicar? Sí, existe. Pero antes de exponerla debemos hacer tres aclaraciones.

¿Puede aparecerse la Virgen?
La primera aclaración, y siguiendo en esto a las Sagradas Escrituras, es que jamás la Virgen Maria se le apareció a nadie, ni podrá aparecérsele a ningún ser humano en este mundo.
¿Por qué no? Porque María ya ha muerto, ha resucitado, y entró en la vida eterna. Y quien ha muerto y ha partido ya de este mundo, y ha entrado en el más allá, no puede regresar físicamente aquí, ni entrar en contacto corporal con quienes están vivos, ni comunicarse sensiblemente con ellos.
Contra aquellos que piensan que la Virgen no habría sufrido la experiencia de la muerte, el papa Juan Pablo II, en la audiencia general del 25 de junio de 1997, dijo que quienes así piensan se apartan de la tradición común deja Iglesia, que siempre ha sostenido la muerte de María .
Ya el Antiguo Testamento, si bien aún no tenía una idea clara de la vida del más allá, ni conocía la doctrina de la resurrección, al menos si tiene una cosa en claro: que del más allá no se puede volver (Sal 39,14; Job 10,21-22; 2 5am 14,14; 12,22-23; Dan 12,2; 2 Mac 7,9; 7,36; Sap. 16,14).
En el Nuevo Testamento, la parábola del rico epulón contada por Jesús (en Lc 16,19-31) contiene una frase sugerente. Cuando el rico, condenado en el infierno y atormentado le pide a Abraham que envíe a Lázaro para que moje en agua la punta de su dedo y refresque su lengua, Abraham le contesta que eso es imposible, porque entre nosotros y ustedes hay un abismo inmenso, de manera que los que quieren pasar de aquí a allí no pueden, ni de ahí se puede pasar a donde estamos nosotros (v .26).
Incluso más adelante, en la misma parábola, el rico le pide a Abraham que al menos mande a Lázaro a la tierra ( es decir, que provoque una "aparición" de Lázaro) para que les advierta a sus cinco hermanos lo terrible que es el infierno. Pero Abraham le contesta que los que viven en la tierra ya tienen las Sagradas Escnturas para enterarse. Si no se convencen por ella, no se convencerán ni aunque resucite un muerto (v .27-31). Con lo cual Jesús parece dejar traslucir, en su parábola, la idea de la inutilidad de las "apariciones" .
Los muertos, pues, no pueden físicamente aparecerse nunca a nadie, y mientras vivamos en la tierra jamás podremos ver, ni oír, ni oler, ni palpar a éstos, pues no tienen ya un cuerpo físico como el nuestro.
Por eso el Antiguo Testamento ya condenaba severamente todo intento de comunicación física con los muertos (Lev 19,31; 20,6), lo declaraba abominable para Dios (Deut 18,11-12), y hasta decretaba la pena de muerte para quien lo intentaba (Lev 20,27).
Las Escrituras no alientan, pues, para nada esta comunicación física o sensible con quienes se encuentran en el más allá.
Por su parte san Agustín escribe: Si las almas de los muertos estuviesen entre las cosas de los vivos, mi piadosa madre (por, no decir nada de otros), que me ha seguido por tierra y mar para vivir conmigo, en ninguna noche me hubiera abandonado. Y por eso concluye terminantemente que los difuntos no pueden presentarse en este mundo.
Entonces, ¿qué debemos decir de las manifestaciones marianas que se han dado, y que aún siguen dándose entre nosotros?

Apariciones y visiones
Para entenderlo, es necesario distinguir entre apariciones y visiones.
Una "aparición" es un fenómeno objetivo, es decir, un hecho de naturaleza física y corporal, que se produce fuera de nosotros, y que por ello no depende de quien lo capta sino de quien se presenta.
Pongamos un ejemplo. Si se reúne un grupo de personas en una habitación y de pronto entra alguien por la puerta, todos los presentes lo verán. Esa es una aparición, pues hay una presencia física, exterior a quien la ve.
Pero si en ese mismo grupo de personas alguien comienza a decir: "¡Veo a la Virgen, veo a la Virgen!" , y nadie más la percibe, es indudablemente una visión , no una aparición. Para que se trate de una aparición, el suceso debe producirse fuera de la persona, y por lo tanto es capaz de ser percibido por todos.
Ahora bien, según esta distinción todos los fenómenos marianos que se han dado en la historia han sido siempre "visiones", no "apariciones".
En el de Lourdes, por ejemplo, la única en "ver" a la Virgen fue la pequeña Bemadette. En el de Fátima o de La Salette, a pesar de los muchos testigos presentes sólo los pastorcitos "vieron" a la Señora. No fueron propiamente apariciones, sino visiones.
Por eso el papa Benedicto XIV, pedía que no se hablara más de "apariciones" de la Virgen, sino de "visiones" .

El día que el sol giró

¿Y qué sucede cuando un fenómeno de este tipo es visto no por uno sino por muchos testigos, o incluso por todos los que se encuentran presentes en un lugar, pero no por otros que deberían verlo? ¿Es una aparición? Tampoco. Se trata simplemente de una visión colectiva.
Por ejemplo, las cientos de personas que el 13 de octubre de 1917, (último día de las manifestaciones de la Virgen de Fátima) dijeron haber visto girar velozmente el sol en el cielo como si fuese una bola de fuego, no contemplaron un hecho real sino una "visión", aunque de tipo colectiva.
Podemos deducirlo, en primer lugar, porque en otros países vecinos (España, Francia, Alemania), ese mismo sol estaba iluminando allí, y nadie lo vio girar. Y en segundo lugar, porque de haber girado realmente el sol en nuestro sistema solar se habría producido un cataclismo cósmico.
Ahora bien, que estos hechos sean "visiones" no significa necesariamente que se trata de delirios, ilusiones o desvaríos de quienes las tengan. Pueden ser visiones realmente procedentes de Dios.
No podemos negar que en ciertas ocasiones Dios influya sobre la retina, o la sugestión, o la imaginación de alguna persona, y le permita tener una experiencia divina cierta. Simplemente hay que tener en claro que se trata de una "visión".

¿Para quiénes son los mensajes?
La segunda aclaración que debemos hacer es que las revelaciones marianas, cuando son auténticas, tienen como finalidad la santificación ante todo del vidente.
Los casos de Lourdes (cuyos mensajes hicieron santa a Bernadette Soubirous) y de Fátima (cuyos mensajes hicieron a Lucía abandonar el mundo e ingresar como monja de clausura) lo ilustran perfectamente .
Por eso el primer destinatario de los mensajes es la persona que los recibió, no los demás. Ella es quien debe meditarlos, convertirse y cambiar de vida. Sólo ella queda comprometida a vivir lo que los mensajes piden.
En este sentido, la Iglesia considera con razón que el testimonio de vida del vidente es la mejor prueba de la autenticidad de un mensaje .
Pues si la Virgen quisiera dar un mensaje privado, pero destinado a alguna otra persona, ¿por qué no se le presenta a ella directamente? ¿Porqué debe emplear intermediarios, a veces dudosos, y hacer así más difícil la aceptación del mensaje, e incluso con el riesgo de que no les crean, cuando su intención es justamente allanar los caminos hacia Dios ?
Podría decirse que algunos están más abiertos a lo trascendente que otros. Pero si María tiene el grandioso poder de "mostrarse" a alguien, puede hacerlo con cualquiera.
Sería absurdo, pues, que la Virgen diera un mensaje a una sola persona para que lo acatara todo el mundo y más aún que hiciera depender la salvación de la humanidad de que lo aceptara o no. Aún cuando el vidente se lo propusiera, le resultaría imposible de cumplir.
Las experiencias místicas deben servir más bien para santificar al vidente. Y a través de su ejemplo, a los demás. Pero no obligándolos a creer en los mensajes, que si bien le fueron útiles a él, no necesariamente se adecuan a la espiritualidad de todo el pueblo de Dios.
Cuando alguna revelación conlleva la orden de ser difundida y obedecida en todas partes, es poco probable que sea auténtica.

Devoción y revelación
El tercer punto que hay que aclarar es que, cuando el Papa o un obispo, aprueban una determinada manifestación de la Virgen María, lo que aprueban es la devoción, o sea, el culto, el rezo bajo esa determinada forma. Pero no significa que aprueben la visión, ni los mensajes subyacentes.
Al aprobar una devoción, la Iglesia simplemente constata que el hecho de rezarle a María en ese lugar, bajo ese nombre, y con esas características, no hace mal ni tiene desviaciones. Pero no asegura de un modo infalible que las experiencias que le dieron origen hayan sido auténticas.
La Iglesia, cuando acepta una devoción, no confirma la revelación que la originó. Porque tiene bien en claro que las "devociones" no hacen mal a nadie cuando están correctamente orientadas. En cambio las revelaciones particulares muchas veces responden a las necesidades espirituales de quien las experimentó, que no siempre son las mismas de los demás creyentes.
Por eso la única revelación sobre la que se asienta la fe de la Iglesia, y de la cual da totales garantías, es la que se halla en la Biblia.

A Dios lo que es de Dios

La mayoría de los supuestos mensajes y revelaciones privadas de la Virgen colocan a María como centro, núcleo y cumbre de la vida espiritual del creyente. Lo cual constituye .una verdadera desviación de la fe católica, puesto que el único centro y cumbre de nuestra vida espiritual es y debe ser siempre DIOS.
La devoción a María solo puede ser aceptada si nos lleva hasta DIOS, es decir, si desemboca en una mayor entrega a DIOS, si nos acerca más a él. No si lo reemplaza.
Juan Pablo II en una reciente catequesis ha debido salir a moderar el excesivo entusiasmo por la devoción mariana, especialmente cuando no desemboca en Dios..
Decía: “Jesús mismo había invitado a sus contemporáneos a no dejarse guiar por el entusiasmo al considerar a su madre, reconociendo en María sobre todo a la que es bienaventurada porque oye la Palabra de Dios y la cumple”. Y a continuación el Papa cita un episodio de san Lucas en el que una mujer del pueblo le dice a Jesús: Feliz el seno que te llevó y los pechos que te criaron (en evidente alusión a María), y Jesús le responde: Felices más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Lc 11,28-32). Con lo cual el Evangelio reconoce que la madre de Jesús es digna de toda alabanza, pero no precisamente por haber engendrado a tal Hijo (es decir, no por razones biológicas), sino porque ella pertenece a los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. Es decir, por su total referencia y sumisión a Dios.
Juan Pablo II continúa: Sobre la moderación y el equilibrio que hay que salvar en la doctrina y el culto mariano, el Concilio exhorta encarecidamente a los teólogos y predicadores... a que eviten con cuidado toda falsa exageración.
Las exageraciones vienen de cuantos muestran una actitud maximalista que pretende extender sistemáticamente a María las prerrogativas de Cristo, así como todos los carismas de la Iglesia".
El Papa, les dice a los católicos que entre María y Jesús existe una "infinita diferencia", ya que ella es un ser humano, mientras que Jesucristo es Dios. Por lo tanto, colocar a María al mismo nivel que Jesucristo sería una grave desviación.
Sin embargo, a veces vemos con preocupación que, en muchas devociones católicas, a María se la coloca al mismo nivel e incluso por encima mismo de Jesús. Ciertos actos piadosos se centran de tal manera en ella, que Jesús parecería no existir, o existir sólo en un segundo plano. y todo ello, con el apoyo de las revelaciones privadas.

La " adoración" a María
No faltan grupos e instituciones cristianas que, a la hora de reunirse, siguen estrictamente ciertos pasos, como: 1) invocación a María; 2) Rezo del Rosario a María; 3) Lectura de algún mensaje de María; 4) Acto de consagración a María; 5) Acción de gracias y despedida de María.
¿Y Jesucristo dónde está ? ¿y Dios cuándo aparece? ¿ y la Biblia cuándo se lee?
Cuando las iglesias de origen protestante nos acusan a los católicos de " adorar" a la Virgen, solemos defendernos diciendo que nosotros no la "adoramos" sino que la "veneramos". y en la teoría esa distinción es cierta.
Pero en la práctica muchas veces no. Porque"adorar" significa " dar a alguien el culto que le debemos a Dios”. Y muchas veces, sin quererlo, a María se le da el culto propio de Dios. Si no fuera así Juan Pablo II no habría tenido que salir a desalentar con su catequesis la desmedida piedad mariana.

Las vírgenes que lloran sangre

Puede suceder que, en ciertas ocasiones, algunos mensajes vengan acompañados por señales aparentemente milagrosas. Es el caso de las imágenes que lloran o que derraman lágrimas de sangre. ¿Estos signos podrían confirmar el origen sobrenatural de las revelaciones?
Se trata, de un fenómeno bastante extendido.
Desde una imagen de la Virgen yugoslava de Medjugorje, hasta la Virgen brasileña de Louveira, y desde una estatua de Nuestra Señora en Naju (Korea) hasta un icono de Nuestra Señora de Luján (en un barrio de Buenos Aires), numerosas efigies han llorado como si tuvieran vida. y las imágenes de la Rosa Mística que han llorado lágrimas de sangre son más de 80 en todo el mundo.
Lo más sorprendente es que, al ser analizado el líquido vertido, los laboratorios confirmaron que se trataba de lágrimas auténticas y de sangre humana verdadera, según los casos.
En los últimos diez o quince años las figuras de vírgenes que lloran, sangran y hasta transpiran, se han multiplicado en todo el mundo.

¿Puede la Virgen sangrar?

Dejando de lado los casos de fraude (que los hay, y muchos), en los que alguna mano inescrupulosa ha montado una escena para embaucar a. creyentes ingenuos, existen otros que se dan sin mala voluntad de nadie y sin intención de engaño.
¿Pueden estos enigmáticos prodigios ser una señal inequívoca de que estamos ante auténticos mensajes provenientes de la Virgen?
Antiguamente existía un gran desconocimiento sobre el origen de este tipo de prodigios, y era normal atribuirlos a causas del más allá en este caso a la Virgen María. Pero hoy la teología, con más exactitud, ha comprendido que el cuerpo de María ya está glorificado, espiritualizado, morando en la vida eterna, No puede su cuerpo, pues, tener sangre como la nuestra (ni ningún otro líquido corporal, ya que su cuerpo es un cuerpo glorioso).
Por lo tanto, si en alguna imagen llegáramos a encontrar sangre o cualquier otro fluido, podemos estar ciento por ciento seguros de que no procede del cuerpo de María.
¿Pero acaso María no podría hacer aparecer sangre " de la nada " y colocarla en una imagen?
Aun cuando alguien respondiera que sí, de todos modos no se trataría de sangre auténtica de Nuestra Señora, sino una sangre aparecida "de la nada". ¿De dónde sale entonces ese líquido rojo que impregna con frecuencia algunos iconos?
Las explicaciones actuales son muchas.
Una de ellas es que existe una propiedad de la mente humana llamada "proyección hemática".
En determinadas circunstancias una persona, bajo el efecto de neurosis o de histerias, puede extraer de su mismo cuerpo, sin darse cuenta ni provocarse heridas, su propia sangre, lágrimas y demás humores, y proyectarlos sobre una imagen, cuadro o estampa.
No se trata, pues, de ningún hecho milagroso, sino de un fenómeno puramente humano, demostrado científicamente.
Es muy significativo, al respecto, lo sucedido en Civitavecchia (Italia).
Una estatua de yeso blanca de la Virgen, de unos 30 centímetros de alto, que había sido colocada en un nicho del jardín de una casa, comenzó a llorar sangre el 2 de febrero de 1995.
La noticia conmocionó al pueblo, que inmediatamente se dio cita en las puertas de la casa para contemplar el "milagro".
A medida, que pasaban los días los peregrinos y los curiosos aumentaban, al punto tal que la policía debió intervenir para poner orden en la humilde vivienda.
Enterado del hecho, el obispo del lugar decidió trasladar la estatuilla al obispado y encargar a dos hematólogos de Roma que analizaran la sangre que vertía la imagen.
Poco después los científicos confirmaban que se trataba de auténtica sangre humana, pero perteneciente a ¡un individuo de sexo masculino!
¿Acaso puede proceder de la Virgen una sangre que pertenece a alguien de sexo masculino?
Evidentemente pudo tratarse del líquido de algún miembro de la familia que, inconscientemente, y mediante algún fenómeno como el de la "proyección hemática" generó el hecho.
Este fenómeno de la lacrimación no tiene características únicamente religiosas; también lo encontramos en ambientes profanos.
En efecto, en agosto de 1997, a pocos días del vigésimo aniversario de la muerte del astro del rock and roll Elvis Presley, un busto suyo en el pequeño pueblo holandés de Deurne comenzó a derramar lágrimas..
Desde la muerte de Presley, ocurrida el 16 de agosto de 1977 en Memphis (Estados Unidos), se han registrado numerosos casos de admiradores que aseguran haber visto llorar su imagen.
Otros, no resignados a haber perdido a su máxima estrella, dicen mantener algún tipo de contacto con él desde el más allá. y no faltan incluso los que sostienen que se les ha aparecido en persona.
Pero lo más sugestivo de todo es que un simpatizante de Elvis, al que se le preguntó por qué lloraba su estatua, declaró a la prensa: "Su estatua llora de alegría, por la cantidad de admiradores que tiene repartidos en el mundo entero; porque él sabe cuánto lo aman" .

Los estigmas

Nos queda por analizar un último hecho asombroso, que también suele acompañar a las
revelaciones de la Virgen: el de los estigmatizados, aquellos videntes a quienes les brotaron los " estigmas" o llagas de la pasión de Cristo en sus propios cuerpos.
Estas personas, en determinado momento de sus vidas comienzan a sentir que sus manos y pies se lastiman, y se les forman ciertas heridas parecidas a las que dejaría un clavo al entrar allí; o en sus espaldas surgen las lesiones sangrantes propias de una flagelación; o en su frente las punzaduras de una coronación de espinas.
La historia de la Iglesia ha registrado numerosos casos. El primero del que se tiene memoria, y el más famoso, es el de san Francisco de Asís, a quien le aparecieron los estigmas el día de la Exaltación de la Cruz del año 1224. A partir de entonces se han contado 321 casos más, en su inmensa mayoría monjas o religiosas mujeres.

¿Estas misteriosas heridas proceden de Dios?
¿Son un milagro? Así lo interpretó la Iglesia, la medicina y la creencia popular durante muchos siglos, ya que se desconocía cualquier otro tipo de respuesta más satisfactoria. Pero hoy los progresos de las diversas ramas de la ciencia han demostrado que tales cicatrices tienen en realidad una explicación natural.
La mente humana, bajo ciertas presiones, puede ejercer un control sobre los vasos sanguíneos y producir, tanto una mayor concentración de sangre, como un alejamiento de la misma, por debajo de la piel.
Un ejemplo de lo dicho es el hecho cotidiano de la palidez o el sonrojo de las personas. Debido a emociones psíquicas, uno puede influir sobre su propia sangre, de modo que aumente la circulación (y se sonroje), o se frene (y palidezca).
Esta reacción biológica, cuando es llevada a casos extremos, puede producir llagas y hemorragias en una persona. Excitada por una sugestión inconsciente, generalmente de naturaleza histérica, la mente pierde su normal equilibrio y produce este fenómeno, que es llamado por los estudiosos "dermografía".
A esta explicación natural de los estigmas la daba el Papa Benedicto XIV, con su gran autoridad, en su libro La Beatificación de los Siervos de Dios, de 1738.
El espíritu humano no puede experimentar o padecer sensaciones sin que éstas se reproduzcan de alguna manera en el cuerpo.
La dimensión espiritual del hombre está ligada a lo físico por lazos tan intensos, que todo lo que sucede en aquélla se refleja en éste.
Ahora bien, muchos de estos famosos llagados se pasaban horas de contemplación y meditación frente a un crucifijo, con el pensamiento concentrado casi sin interrupción en las llagas de la Pasión de Nuestro Señor.
Mal comidos, mal dormidos, sometidos a rigurosos sacrificios, incluso deseaban y pedían expresamente a Dios identificarse con esa imagen de Jesús dolido que tenían al frente.
Todos ellos eran altamente sugestionables, y por lo tanto capaces de somatizar en mayor grado las vivencias que de alguna manera todos padecemos.
Una vez que la intención de experimentar las llagas de Jesucristo adquiría forma en la mente de ellos, se convertía en una piadosa obsesión. y la excepcional sensibilidad que padecían hacía que la idea concebida en su mente se terminara plasmando en sus cuerpos.
Que la aparición de estos estigmas es algo natural y producido por la sugestión de la persona, lo demuestra el hecho curioso de que las heridas formadas suelen adecuarse a la imagen contemplada.
Los estigmas de la famosa mística Gema Galgani, por ejemplo, correspondían perfectamente a las llagas pintadas en un gran crucifijo ante el cual ella solía rezar.
Y cuando la célebre estigmatizada alemana Catalina Emmerich por primera vez fue marcada con una cruz en el pecho, ésta tenía la forma de "Y" , que reproducía el dibujo exacto de un crucifijo al que ella tenía gran veneración desde su infancia.
Algunos mostraban la llaga del costado al lado derecho, mientras otros a la izquierda.
Si todas estas lesiones vinieran del mismo autor (en este caso Dios), y tuvieran como fin representar en el cuerpo de algún elegido la misma pasión de Jesucristo, todas deberían tener la misma forma. Dios no tortura ni manda tormentos a nadie.
Por lo tanto, la aparición de estigmas y llagas que reproducen las lesiones de la pasión de Cristo, lejos de ser una señal divina o un signo de santidad personal, son más bien una muestra de desequilibrio interior y de neurosis histérica.
Para la Iglesia, la única señal válida de santidad es la del amor al prójimo que dejó Jesús:
"En esto conocerán todos que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros" (Jn 13,35).
No inventemos otras señales de virtud y perfección que no haya puesto Jesús.
El caso de Francisco de Asís, el primer estigmatizado, lo evidencia: fue uno de los santos más grandes de toda la historia de la Iglesia, pero por su enorme entrega a los más pobres, no por sus estigmas. Y si hoy alguna persona, que tiene tales señales en su carne, procura demostrar su santidad, deberá hacerlo "a pesar" de sus estigmas (es decir, a pesar de padecer esa debilidad), y no apoyándose en ellas.

Una ofensa gratuita

María fue la criatura más sublime de la historia de la salvación. La Biblia le otorga títulos que no se los da a ningún otro ser humano. Es la "Llena de gracia" (Lc 1,28), la "Bendita entre todas las mujeres" (Lc 1,42), la "Bienaventurada por todas las generaciones" (Lc 1,48), la "Feliz de haber creído" (Lc 1,45).
También la Iglesia le atribuye una serie de privilegios que la elevan por encima de los demás mortales. Es la Inmaculada Concepción, la Madre de Dios, la Asunta al Cielo, la Mediadora de Todas las Gracias.
Es que los católicos siempre hemos considerado a María como el modelo perfecto del discípulo, y la prueba más acabada de lo que Dios puede hacer con quien escucha su Palabra y la pone en práctica.
Por eso no debemos permitir que otros la injurien, la rebajen, la denigren atribuyéndole textos y mensajes que, lejos de mostrar su grandeza, resultan ofensivos y agraviantes para su persona.
La idea de María que se desprende de muchas de estas revelaciones privadas es más la de un ser vengativo y rencoroso, que la de aquella que cantaba: La misericordia de Dios se extiende de generaci6n en generaci6n (Lc 1,50).
La Virgen que sólo aparece para llorar, lamentarse y anunciar castigos representa, de algún modo, la "religión del miedo" , es decir, la que busca atemorizar al creyente para que mediante la angustia, el pavor y el sometimiento irracional, se acerque a Dios.
Pero nada de eso tiene que ver con la religión de Jesús, el cual nunca buscó la conversión de los hombres por el temor sino por el amor .
Como católicos debemos cuidar siempre que la imagen de María no se enturbie ni se opaque nunca con este tipo de religiosidad desviada.
Tenemos que conservar siempre en alto su figura para que siga siendo el reflejo de la alegría, la esperanza y el optimismo cristianos.

Leer lo que vale

Cuenta la tradición que cuando los árabes musulmanes conquistaron Egipto, en el año 642, incendiaron y destruyeron la famosísima biblioteca de Alejandría, el mayor archivo del saber de la antigüedad, con sus más de 700.000 volúmenes que habían logrado reunir los príncipes tolomeos.
El argumento empleado por el califa Omar para semejante decisión fue: Si lo que dicen estos libros está en contra del Corán, ¿c6mo los vamos a conservar? y si dicen lo mismo que el Corán, ¿para qué los vamos a conservar? De cualquier manera son inútiles, quemémoslos.
Salvando las distancias, pero con igual lógica, podemos decir: Si los mensajes de la Virgen contradicen la Biblia, ¿cómo los vamos a leer? y si dicen lo mismo que la Biblia, ¿para qué los vamos a leer?
Dediquemos todo nuestro esfuerzo y nuestro tiempo a leer la Biblia, el único libro que tiene la garantía de Dios, y que conserva la sabiduría divina que puede llevamos a la salvación (2 Tim 3,14-15).
Los únicos mensajes obligatorios e ineludibles que un cristiano debe conocer profundamente, son los contenidos en ese Libro.
Resulta lamentable comprobar cómo muchísimos fieles, a la par que desconocen casi por completo las Sagradas Escrituras, se abocan con fruición ala lectura de los supuestos mensajes particulares del más allá.
En lugar de prestarles tanta atención, ya que en definitiva tienen sólo un valor privado, y no obligatorio, los cristianos harían mejor en tratar de conocer más la Biblia, leerla y meditarla frecuentemente, puesto que ella es, junto a la Tradición y al Magisterio, el único canal obligatorio para conocer el proyecto que Dios tiene para la humanidad.

Lecturas complementarias: ¿El Ángel del Señor le anunció a María? La audacia de Zeffirelli

Cuando el productor cinematográfico Franco Zeffirelli filmó una de sus más conocidas películas, la ya clásica "Jesús de Nazaret", muchos pensaron que se había atrevido demasiado. Si bien está concebida con una exquisita sensibilidad, sin embargo en la escena de la anunciación se ve a una candorosa María despertarse asustada a medianoche, y mientras un rayo de luz, evidentemente sobrenatural, se cuela por la ventana de su habitación, la muchacha comienza un misterioso diálogo sobre la futura concepción de su Hijo Jesús.
Pero ¿con quién habla María? Aquí viene la gran osadía de Zeffirelli: con nadie. Ella sola pregunta, y ella sola se responde, sin que aparezca ningún otro interlocutor. De un plumazo, el director italiano había hecho desaparecer al popular ángel Gabriel.
Los católicos criticaron despiadadamente a la película: era una irreverencia, una mutilación inaceptable del evangelio que atentaba contra la verdadera fe católica (no era para menos, se había suprimido a uno de los personajes más singulares del Nuevo Testamento; al infaltable ángel a quien estamos habituados a ver en cuanta pintura o escena de la anunciación tengamos a mano. A quien desde niños nos acostumbramos a mencionar cuando al rezar el  ángelus  decimos:  El ángel del Señor le anunció a María...;al comunicador más grande de la historia. SI. Zeffirelli se habla atrevido demasiado.

Cómo fue que trascendió

Pero un detalle llamó siempre la atención en la anunciación del ángel a María (Lc 1,26-38). ¿Cómo hizo Lucas, el único evangelista que lo cuenta, para enterarse? Se lo habrá contado la Virgen María, exclusiva protagonista, o alguien a quien ella se lo hubiera dicho.
Pero uno se pregunta: ¿andaría contando María sus intimidades? ¿Condice con aquella chica humilde y callada, que meditaba todas sus cosas guardándolas en su corazón (Lc 2,19, 51), el referir el diálogo secreto que mantuvieron en privado ella y el ángel? ¿Andaría alardeando con el relato de cómo entró Gabriel volando por la ventana de su casa, y que la felicitó por ser la única mujer privilegiada ante los ojos de Dios, cuando ni siquiera a José se lo quiso contar?
No sólo esto resulta dudoso. Los elementos de la narración tampoco parecen ser demasiado históricos, sino más bien vagos e indefinidos.

Para que se note el embarazo

Alguno podrá pensar que el detalle de que el ángel visitó a María "al sexto mes" del embarazo de su parienta Isabel es muy concreto, y parece ser histórico. Pero bien mirado, es un complemento literario. Si el ángel le dará como señal a María, que Isabel "a pesar de que es anciana también está embarazada", la razón del sexto mes es evidente: el embarazo de Isabel debe servirle de testimonio fehaciente, y los signos de un embarazo no saltan a la vista hasta el sexto mes. Si en el relato hubiera ido antes el ángel, María no ponía haber comprobado a veracidad del signo.
El detalle, pues, no pretende consignar una fecha histórica sino sólo tiene la intención de decirnos que las palabras del ángel eran ciertas y podían ser verificadas.
Por eso actualmente los biblistas sostienen que Lucas al narrar el hecho de la anunciación contó algo real, que en verdad  había ocurrido, pero lo hizo con una escena creada por él.

Un diálogo repetido

Que la narración es una construcción artificial se nota cuando constatamos que los elementos del diálogo entre Gabriel y María están copiados del Antiguo Testamento.
El saludo "alégrate" (v. 28) está sacado del profeta Sofonias (3, 1 4). La expresión "El Señor esta contigo" es del libro de los Jueces (6, 12), cuando un ángel se le aparece a Gedeón. "No temas" (v. 30) es la frase que el ángel Gabriel le dice a Daniel al presentársele (Do. 10, 12). "Nada hay imposible para Dios"   (V 37) lo encontramos en Génesis .18,14 cuando un ángel le anuncia a Abraham que le nacerá un hijo.
El mensaje del ángel a María "concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre (v. 31) es la frase del ángel a Agar, la esclava de Abraham (G 16,11). Y la continuación "el será grande y  será llamado Hijo del Altísimo, el Señor le dará trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin 32-33) son una clara alusión a la profecía de Natán al rey David, prometiéndole en nombre de Dios un sucesor en el trono y el reinado eterno de su linaje (2 Sam. 7, 12-16).
Lucas ha recopilado así, frases importantes del Antiguo  Testamento referidas todas a
intervenciones de Dios en la historia, y con ellas ha tejido un relato sobre la más grande de las intervenciones divinas en la humanidad.

Una forma literaria

Pero los estudiosos, profundizando más todavía, descubrieron que todas las partes de esta narración responden a una forma literaria muy conocida en la literatura judía, llamada "relato de anunciación". Se trata de un esquema  fijo, estereotipado, artificial, que aparece varias veces en la Biblia. Cuando alguien quería contar que un ángel o un enviado de Dios se aparecía a algún personaje bíblico para darle un mensaje, no podía hacerlo de cualquier manera. Debía respetar un esquema ya prefijado.
Pongamos un ejemplo. Cuando alguien quiere hoy redactar una carta, generalmente empieza colocando arriba a la derecha, el lugar desde donde escribe y la fecha de emisión. Luego abajo a la izquierda el saludo al destinatario, casi siempre con la palabra "querido" o "estimado" y el nombre. Sigue el cuerpo de la carta. Y finalmente envía los saludos y coloca la firma. Dentro de ese esquema uno se expresa libremente, pero no se sale de él. Al ver estos elementos, uno se da cuenta de que está frente a una carta.

Los cinco elementos

Así como una carta tiene su "forma literaria" propia, el relato de una anunciación en la
Biblia tiene sus elementos propios y su  estructura, y ningún escritor antiguo se salía de ella. ¿Cuántos eran estos elementos? Cinco, y bien definidos.
La aparición del mensajero celeste
La turbación o el miedo del personaje
El mensaje, que el enviado trae de parte de Dios.
Una objeción, que el personaje pone y que servirá para que se aclare mejor el mensaje.
Un signo, que el ángel da al personaje para confirmarle que viene de Dios.
Cada vez que Dios realiza una "anunciación” es decir, anuncia algo a alguien mediante un mensajero, la Biblia lo cuenta siguiendo estos cinco pasos.

También a María

En la anunciación a María podemos distinguir perfectamente:
1) La aparición: "Fue enviado por Dios el ángel Gabriel" (v. 26)
2) La turbación: "Ella se asustó al oír estas palabras" (v. 29).
3) El mensaje: "Vas a concebir y dar a luz un Hijo    (v. 31).
4) La objeción: "Cómo es esto posible, si yo no convivo    (v. 34).
5) La señal. "Isabel, a pesar de ser vieja, ya está en su sexto mes de embarazo" (v. 36).

Y en muchas otras anunciaciones bíblicas pueden identificarse estos elementos.
Por ejemplo, cuando Dios le anuncia a Abraham el nacimiento de su hijo Isaac (Gn 17, 1-22), se cuenta:
         1) La aparición: "Se le apareció Yahvé" (v. 1).
         2) La turbación: "Abraham cayó rostro en tierra" (v. 3).
         3) El mensaje: "Serás padre de una muchedumbre de pueblos" (v. 4).
         4) La objeción: "Abraham... se echó a reír diciendo: ¿a un hombre de cien años va a nacerle un hijo?" (v. 17).
         5) La señal: "El año que viene, por este tiempo, Sara te dará un hijo" (v. 21).

Lucas describe la anunciación a Zacarías con iguales términos (Lc 1, 11-20):
     1) La aparición: "Se le apareció el ángel " (v. 11).
     2) La turbación; "Al verlo se turbó, y el temor se apoderó de Él" (v. 12)
3) El mensaje: "Isabel, te dará a luz un hijo" (v. 13).
      4) La objeción: "¿Cómo puedo estar seguro? Porque yo soy viejo y mí mujer también (V. 18).
      5) La señal: "Te vas a quedar mudo" (v. 20).
Si continuamos analizando otras anunciaciones como la de Agar, esclava de Abraham (Gn 16, 7-12), la de Moisés (Ex 3, 1 - 12), la de los padres de Sansón (Jueces 13, 3-22), o la de los pastores de Belén (2, 9-12), vemos que están construidas de idéntico modo.
Esto muestra a las claras que se trata de elementos artificiales, propios de un género literario.

Lo que se pretende afirmar

Así llegamos a una conclusión importante. En los relatos de anunciaciones se considera como histórico únicamente el mensaje principal el trasfondo esencial. Pero los cinco elementos de su estructura no son ciertos, ni son históricos, sino que responden a un cliché artificial.
En el caso de María ¿qué es lo que se quiere afirmar? ¿Cuál es lo central y verdadero? Lo que se busca anunciar y aclarar es la personalidad de Jesús, su ser, su figura.
Pretende decir que el niño concebido por María es el Hijo de Dios, es también el Mesías que Israel esperaba, y que en él se cumplen todas las expectativas del Antiguo Testamento.
Ahora bien, qué sucedió realmente en el momento de su concepción, cómo se enteró María de su embarazo espiritual, cómo descubrió el misterio del Hijo de Dios en sus entrañas, y las circunstancias que rodearon al hecho, no son cosas que Lucas intente contar. Y los detalles personales y psicológicos de María en su preñez quedarán sumidos en el misterio para siempre.

EI famoso miedo de María

Gracias al descubrimiento de las formas literarias, podemos comprender mejor las
afirmaciones de los evangelios.
Por ejemplo, siempre había llamado la atención de los lectores de la Biblia el hecho de la turbación de la Virgen ante la aparición del ángel. ¿Por qué se asusta? ¿Acaso no sabe distinguir a un mensajero divino, ella que tanta experiencia tenía de Dios? ¿Por qué se pregunta qué significaría su saludo, tan conocido  en el Antiguo Testamento?
Se han ensayado varias explicaciones. Para unos, seria la turbación lógica de un ser humano ante un enviado de Dios. Pero entonces deberla más bien alegrarse. Para otros seria la reacción de pudor de una muchacha que ve entrar a un hombre cuando ella está sola en su habitación. Pero a esto se objeta que los ángeles no tienen sexo. Finalmente están quienes dicen que sería la modestia de María de ver que Dios se ocupaba de ella.
Hoy sabemos que su turbación es sólo un detalle artificial que forma parte del esquema ficticio de la anunciación. Para Lucas, María tenía necesariamente que turbarse porque así lo exigía el segundo elemento del género literario. Esto indicaba que el enviado venia realmente de Dios, es decir, de una esfera trascendente.

Cuesta poco y vale mucho

Lucas no nos dejó los detalles de cómo se las arregló Dios para anunciarle a María el embarazo de Jesús, ni corno lo tomó ella, ni qué reacciones produjo En la Virgen. Sin embargo el anuncio de Dios a María es cierto. Y el SI de ella también lo es.
Todos recibirnos, cada día, una invitación parecida a la que recibió María. Una invitación a realizar algo para que el plan de  Dios se siga cumpliendo en nuestros hogares, en nuestra familia, en nuestra sociedad. Dios se introduce en la casa de cada uno como el ángel en la de María, para pedirnos colaboración. En nuestro "sí" están en juego   muchas cosas. Y con nuestro “no" se frustran  muchas otras.
Asusta pensar  cuánto dependía, para el mundo, del si de aquella aldeana de Nazaret y la repercusión que trajo para toda la humanidad. Nos abismaría igualmente si supiéramos cuántas cosas dependen de nuestros pequeños sí y minúsculos no.
María dió su sí, Jesús pudo nacer. Pero falta mucho todavía para que se cumpla la obra de salvación de Dios. El mundo no está como El lo quiere. Hay hambre, hay odio hay injusticias, hay violencia. Sigue haciendo falta, aún, nuestro sí.
 


  

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