Iniciación cristiana en nuestro HOY


Iniciación cristiana en nuestro HOY   Audio mp3 (1 hora)

1. Carta de nuestro Obispo Gabriel Mestre a los párrocos y catequistas de la Diócesis de Mar del Plata
Queridos párrocos y catequistas de la diócesis:
Ante todo quisiera agradecerles toda la tarea que realizan a diario a favor de la catequesis; Dios confía mucho en nosotros y nos pone año tras año a niños para que acompañemos en el camino de la fe. Saben que es mi deseo, y en eso basé mi primera carta pastoral, una Iglesia TRINITARIA, SINODAL Y PROFÉTICA. La catequesis también debería girar en torno a estos ejes.
El contenido esencial de la catequesis es y será este Dios que se nos revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo; una catequesis sinodal implica la capacidad de escuchar y escucharnos para caminar juntos y discernir juntos cual es la voluntad de Dios, lo bueno, lo óptimo y lo posible en sana tensión a un siempre más y mejor; una catequesis profética que anuncie y actualice la buena noticia en las distintas circunstancias de la vida personal, familiar y social. …
El haber bajado la duración de la catequesis conlleva un compromiso sobreañadido y más consciente por parte de los sacerdotes y de los catequistas de suplir con calidad lo que hemos restado en cantidad; es por eso que los invito y exhorto a velar más por nuestra catequesis de iniciación de niños y de ir generando poco a poco en nuestras comunidades espacios para que niños y adultos descubran que la Iglesia es un lugar privilegiado para vivir y desarrollar todas las potencialidades humanas y espirituales para ir construyendo el Reino de Dios entre los hombres.

2. VER: la Iniciación cristiana en nuestro HOY

Iniciación: seguimiento, discipulado, conocimiento interior, corazón de Cristo.
A la vida: vivir en el Evangelio, vivir plenamente, vivir felices, vivir desde ahora.
Cristiana: vida ungida como la de Jesús, la unción es para la misión, y la misión es hacer venir el reino de Dios, liberando a los pobres, aliviando a los afligidos, haciendo realidad los nuevos cielos y la nueva tierra.(Lc. 4, 16-21)
Somos llamados a ser cristianos injertados en Cristo por el Bautismo, ungidos por el Espíritu en la Confirmación, religados en comunión fraterna, para la misión.
La catequesis de iniciación cristiana, no es una catequesis pre sacramental, los sacramentos de la iniciación, son los momentos comunitarios (=eclesiales) importantes, salvíficos y significativos, que van señalando esa iniciación pero son Sacramentos para la vida, para la vida cristiana, para la vida en misión.
En las Comunidades eclesiales de América Latina es notable la madurez en la fe de muchos laicos y laicas activos y entregados al Señor, junto con la presencia de muchos abnegados catequistas, de tantos jóvenes, de nuevos movimientos eclesiales y de recientes Institutos de vida consagrada. Se demuestran fundamentales muchas obras católicas educativas, asistenciales y hospitalitarias.
Se percibe, sin embargo, un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo, al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudoreligiosas. (Benedicto XVI en Aparecida)
*Esto nos habla de la universal necesidad de encontrar respuestas salvacionales, sentido a la vida, identidad trascendente… “Los enfermos y poseidos por demonios” de tiempos de Jesús… (Lc.5,40-41).
A nivel personal, el hombre post-moderno sufre de horfandad, soledad, tristeza, angustia existencial.


Trabajo en grupos:
.¿Qué evangelio anunciamos, qué vida proponemos, cómo celebramos la salvación en Cristo?
Mt.11, 28-30 Cuales serían los “agobios” del hombre postmoderno…Cómo anunciaría Jesús hoy su evangelio = buena nueva a estas personas…Cómo lo hacemos nosotros… Qué nos está pidiendo el Espíritu que nos habla en esta situación…


La Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este Continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio.
Todo bautizado recibe de  Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16,15). Pues ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida “en Él” supone estar profundamente enraizados en Él.
Hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo?
Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios. Un gran medio para introducir al Pueblo de Dios en el misterio de Cristo es la catequesis.
En ella se trasmite de forma sencilla y substancial el
mensaje de Cristo:
“El Reino está viniendo, crean la Buena Noticia y conviértanse”
3. Convendrá por tanto intensificar la catequesis y la formación en la fe, tanto de los niños como de los jóvenes y adultos. La reflexión madura de la fe es luz para el camino de la vida y fuerza para ser testigos de Cristo. En este esfuerzo por conocer el mensaje de Cristo y hacerlo guía de la propia vida, hay que recordar que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana. “Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Deus caritas est, 15).
Para formar al discípulo y sostener al misionero en su gran tarea, la Iglesia les ofrece, además del Pan de la Palabra, el Pan de la Eucaristía. A este respecto nos inspira e ilumina la página del Evangelio sobre los discípulos de Emaús. Cuando éstos se sientan a la mesa y reciben de Jesucristo el pan bendecido y partido, se les abren los ojos, descubren el rostro del Resucitado, sienten en su corazón que es verdad todo lo que Él ha dicho y hecho, y que ya ha iniciado la redención del mundo. Cada domingo y cada Eucaristía es un encuentro personal con Cristo. Al escuchar la Palabra divina, el corazón arde porque es Él quien la explica y proclama. Cuando en la Eucaristía se parte el pan, es a Él a quien se recibe personalmente. La Eucaristía es el alimento indispensable para la vida del discípulo y misionero de Cristo.
Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas. Él es el Viviente que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta, entrando en nuestras casas y permaneciendo en ellas, alimentándonos con el Pan que da la vida. Por eso la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana.
El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana. (Benedicto XVI en Aparecida)


4. Entre las “Acciones destacadas” de NMA, (Cap. 5) está la segunda: “Acompañar a todos los bautizados hacia el pleno encuentro con Jesucristo”. Esto toca de lleno a la tarea pastoral y catequística. Llegamos a muy pocos bautizados, la mayoría de los cuales no participan en la vida de la Iglesia[20]; estos deben vivir en plenitud su dignidad de hijos de Dios y experimentar la alegría de pertenecer a la Iglesia[21].
Navega mar Adentro nos dice:“La caridad pastoral de la Iglesia, que entre sus recursos cuenta con una gradual pedagogía, tiene la misión de conducir a sus hijos hacia una vida cristiana plena. En efecto, muchos no participan en la vida de las comunidades cristianas, debilitándose su sentido de pertenencia y el crecimiento en la fe.
Ante esa realidad de fragilidad espiritual, cada vez más acentuada, tenemos que poner un particular empeño para que, mediante un vigoroso anuncio del Evangelio, ningún bautizado quede sin completar su iniciación cristiana, facilitando la preparación y el acceso a los sacramentos de la Confirmación, la Reconciliación y la Eucaristía.
Con suave pero firme persuasión pastoral, hemos de invitar a participar de una vida cristiana que se distinga por el arte de la oración, y ponga su mirada en alcanzar la plenitud de la participación eucarística, sobre todo en la celebración dominical.
En tal sentido, las familias, parroquias, colegios, movimientos y otros organismos eclesiales, han de ofrecer los ámbitos concretos donde los bautizados puedan nutrirse de la Palabra de Dios y descubrir fácilmente la atrayente belleza del seguimiento de Cristo en sus diversas manifestaciones.
Todos los esfuerzos, mediante la implementación del itinerario catequístico permanente y el asiduo recurso al Catecismo de la Iglesia Católica, han de dirigirse a una renovación de la catequesis para que cada uno de los bautizados experimente cada vez más la presencia y cercanía de Cristo vivo en su Iglesia en la participación en el Sacrificio eucarístico”[22].
En la cita de este texto, debemos aclarar que al hablar de la iniciación cristiana, cuando dice “facilitando la preparación y el acceso a los sacramentos”, no está diciendo que bajemos el nivel o reduzcamos las exigencias –nivelando hacia abajo-, sino que procuremos poner al alcance de todos –mediante métodos y acciones pastorales adecuados-, procesos de evangelización y de catequesis de iniciación integrales, básicos, profundos, sistemáticos  y bien fundamentados, tendientes a formar verdaderos cristianos adultos y maduros en su fe. ¡Todo un desafío a nuestra creatividad! Y es por esto que se plantea hoy como urgencia un proceso evangelizador que anuncie a Jesucristo vivo, “camino para la conversión, la comunión y la solidaridad”[23]. Un verdadero anuncio kerigmático, seguido por un proceso adecuado de iniciación cristiana en estilo catecumenal.


5. Crear verdaderas y auténticas comunidades de vida cristiana: fuente y meta de la evangelización. Lugar y ámbito donde se vive, se celebra, experimenta, comparte y se crece en la fe, no sólo como contenido que se aprende sino como vida cristiana, evangelio encarnado en la comunidad. La catequesis sin comunidad se esteriliza[24]. La comunidad parroquial, casa de familia fraternal y acogedora, es lugar privilegiado para la catequesis. En la Eucaristía, mesa de la Palabra y mesa del Cuerpo y Sangre de Cristo, se alimenta la fe y la comunión de la parroquia[25]. Recordemos también lo que dice el JEP: La parroquia coordina y anima la misión evangelizadora concreta. Es por excelencia una comunidad que catequiza, es decir: Comunidad que ilumina con la Palabra de Dios…, comunidad que convoca, integra y acompaña…, comunidad que hace crecer…”[26].

  • Comunidades vivas, casa y escuela de comunión “para ser fieles al designio de Dios y dar una respuesta a las necesidades del hombre de hoy”[27]. Iglesia presente en medio de los hombres, en sus ciudades y lugares donde vive, que encarna los valores del evangelio, construyendo así la nueva sociedad, la civilización del amor, el Reino de Cristo. Esto significa que todos los bautizados deben poder vivir esta experiencia de comunidad, lugar donde se vive y comparte la fe, camino  y ámbito de un verdadero discipulado[28].

  • Comunidades centradas en la celebración del misterio de Cristo (Pascua), en su presencia en medio de ella, en la efusión del Espíritu que guía y anima a toda la comunidad. La Eucaristía, centro de la vida eclesial, en especial la celebración del domingo, es fuente y cumbre –siempre- de toda la actividad de la comunidad[29].

  • La comunidad, fuente, lugar y meta de toda la actividad catequística[30]. La comunidad toda atiende y acompaña a los catequizandos, integrándolos en su vida y en su celebración cultual, haciéndoles un espacio de participación y comunión. La tarea misionera y catequística no pueden ser preocupación de un grupo de personas, sino de toda la comunidad: todos deben sentirse involucrados en la evangelización.  La catequesis tiene un carácter fuertemente comunitario: es necesario recordar siempre lo que se afirmó en el JEP[31].

6. Comunidades evangelizadoras: toda la vida interna de las comunidades no tiene sentido si no se convierten en evangelizadoras[32].  La evangelización  es una de las acciones destacadas de NMA. Entender la evangelización como un proceso que empieza siempre con el testimonio vivo de caridad y unidad de una comunidad encarnada en su medio; proceso que se sintetiza en los tres momentos infaltables a toda evangelización:

+ El primer anuncio (kerigma) que busca suscitar la fe y la conversión (momento misionero).
+ La catequesis de iniciación (catecumenado) que busca “hacer al cristiano”, ayudándolo  a madurar en la vida de fe, incorporándolo al misterio de Cristo y a la comunión eclesial mediante los sacramentos de iniciación.
+ Comunitario (momento pastoral): vida cristiana integrada, compartida, comprometida, en una comunidad de discípulos que celebra la fe en Jesús resucitado presente en medio de ella (Eucaristía), movida por el Espíritu que los une y hace misioneros, una Iglesia viva que da testimonio auténtico de unidad y fraternidad, germen del Reino de Dios en este mundo, cuna de la Civilización del Amor.

La evangelización y la catequesis renuevan las comunidades. Superar una pastoral meramente sacramentalizadora, y poner el acento en el proceso de transmisión, de crecimiento y maduración de la vida de fe; esto es, una comunidad en “clave” evangelizadora.


7. El Directorio Catequístico General, nos indica algunos “retos” para la catequesis, como condición para su vitalidad y eficacia: ser un servicio fundamental en la tarea evangelizadora, con acentuado carácter misionero, dirigida a niños, adolescentes, jóvenes y en especial a los adultos, que apunte, desde una pedagogía cristiana, a modelar la personalidad del creyente, anunciando los misterios esenciales del cristianismo, formando, prioritariamente, a los catequistas capacitados para esta tarea[34].
La catequesis es parte integrante y primordial del proceso evangelizador. Este, sabemos, comienza con un primer anuncio (acción misionera), en el cual se busca transmitir y suscitar un acto de fe, de adhesión inicial a Jesucristo, un deseo de seguirlo y cambiar de vida. Nunca dejaremos de insistir sobre la urgente necesidad de este primer anuncio, en especial en la época en que vivimos[35]. El anuncio del kerigma cristiano. Se busca despertar la fe y adhesión a Jesucristo, una sincera conversión, una nueva vida[36].
En el contexto de una Iglesia que sale de una situación de cristiandad, donde ya no hay una transmisión de la fe tanto en la familia como en la cultura reinante, ante una fuerte descristianización de la sociedad, y un hombre indiferente, que prescinde de Dios, debemos recalcar este momento fundante de la vida cristiana: la fe como respuesta a Dios que llama –ayudada por la Gracia de Dios-, y como opción libre y personal del hombre por Cristo. Es la etapa previa a la catequesis y nunca deberemos darla por supuesto (aún en la catequesis para niños)[37].

8.Todo el anuncio misionero no tiene continuidad y queda estéril si no sigue a éste el momento catequístico. No es sólo “aprender” y conocer la fe -que debe ser conocida-, fundamentarla, profundizarla, sino que este conocimiento debe llevar a una sincera conversión, un cambio de vida… convirtiéndolo en discípulo, testigo y misionero del Evangelio. Esto toca a la finalidad misma de la catequesis.
* el DCG afirma que ‘la catequesis es elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de iniciación’” [38].
Catequesis es educación en la fe y de la fe[39]. En la fe: en un ámbito eclesial, donde se vive la fe en la presencia y acción de Dios –comunidad evangelizadora- y de la fe, es decir, ayudar al hermano a crecer y madurar en su vida de fe integralmente concebida: conocimiento de la fe, celebración de la fe, vida moral, espiritualidad, vida en comunión eclesial, misión asumida como compromiso propio.
* Dice el Directorio Catequístico General: “La catequesis es elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciación, especialmente al Bautismo, ‘sacramento de la fe’. El eslabón que une la catequesis con el bautismo es la profesión de fe, que es, a un tiempo, elemento interior a este sacramento y meta de la catequesis. La finalidad de la acción catequética consiste precisamente en esto: propiciar una viva, explícita y operante profesión de fe.


9.El DCG señala a continuación las características de la catequesis de iniciación;
las resumimos, remitiendo a la lectura del texto mismo
[41]:
*  La catequesis es una formación orgánica y sistemática de la fe…
*  Esta formación orgánica es más que una enseñanza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana, una ‘iniciación cristiana integral’…
* La catequesis es una formación básica, esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas más básicas de la fe y en los valores evangélicos más fundamentales…
*   En fin, por ser iniciación, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe. Ejerce, por tanto al mismo tiempo, tareas de iniciación, de educación y de instrucción.
Esta riqueza, inherente al catecumenado de adultos no bautizados, ha de inspirar a las demás formas de catequesis.


10. De aquí se desprenden  lo que se  llama las tareas de la catequesis[42]:
* Propiciar el conocimiento de la fe. * La educación litúrgica. * La formación moral. * Enseñar a orar. * La educación para la vida comunitaria. * La iniciación a la misión.
En esta praxis evangelizadora tiene gran valor la presencia comunitaria. El encontrarse con una comunidad acogedora, cálida, alegre, que con entusiasmo comparte la vida y la fe, suele ser para el hombre de hoy, inmerso en el anonimato de nuestras grandes urbes y necesitado de afecto, aprecio y reconocimiento, una experiencia impactante y determinante.

11. La catequesis de adultos es la forma principal de catequesis[50].
Muchas veces, nuestras catequesis apuntaban a “dar un tema”, olvidándose de las preguntas que el adulto hoy tiene en su corazón, y dando respuestas a cosas que nunca se preguntó.
Si hay un lugar en el cual la catequesis necesita y debe ofrecer la vida de la comunidad como propuesta, es precisamente en la catequesis de adultos.

Integrarse no para “hacer cosas”, sino para vivir , convivir y compartir la vida humana y cristiana. El ser, el saber y el vivir son dimensiones propias de una vida cristiana comunitaria; el hacer es una consecuencia.
“La catequesis es un camino de crecimiento y maduración de la fe en un contexto comunitario-eclesial que da sentido a la vida”[52].

La catequesis de adultos es fundamental para la vida de nuestras comunidades. Tanto en su proceso de iniciación cristiana (o re-iniciación), como en su itinerario permanente. La comunidad se renueva con los nuevos miembros que se van incorporando. Hay que saber hacerles el lugar para la convivencia.
Al respecto, conviene hacer algunas sugerencias:
- No siempre conviene integrar al adulto que recién se re-inicia en la vida de fe en alguna actividad de servicio (diaconía) en la parroquia: éstas actividades, generalmente requieren una vocación, un carisma, una capacitación, que no siempre tiene este adulto.
- El adulto tiende a  compartir su vida y su fe en la pequeña comunidad donde se ha iniciado, donde ha hecho su primera experiencia de comunión y de encuentro con Jesucristo,  lugar donde ha creado lazos de amistad: es necesario respetar esto[53]. La parroquia es “una comunidad orgánica de fe, comunidad de comunidades, de personas, de familias…”[54]. Recordemos que la comunidad es origen, lugar y meta de la catequesis.
- En la evangelización del adulto es fundamental el respetar el proceso evangelizador. Especialmente, habrá que tener en cuenta el catecumenado de iniciación cristiana de adultos, que será siempre el paradigma de la catequesis de toda la comunidad.

Tenemos que abandonar la praxis tan extendida de “catequesis aceleradas”, o abreviadas, o reducidas a unas pocas charlas, simplemente para cumplir y dar el sacramento, para “regularizar situaciones”. Hoy, realizar el proceso de evangelización de manera integral, es necesario y una obligación grave para el párroco que es el responsable de este proceso[55]. Recordemos que la finalidad es “hacer un cristiano”, uno que viva el misterio de Cristo incorporado como discípulo y misionero en una comunidad cristiana.
Esto debe ser tenido en cuenta especialmente en la actividad misionera, tan frecuente hoy; una misión desencadena un proceso evangelizador de iniciación cristiana. No es un momento aislado, puntual, que en pocos días se termina, sino que requiere continuidad, presencia, actividad catequística y comunitaria constantes.
Ante esta realidad, vemos que es indispensable, más que nunca, partir del anuncio explícito de kerigma. Proponer a nuestros jóvenes y adultos experiencias fuertes de encuentro con Cristo; vemos el éxito que tienen los diversos retiros y jornadas “de impacto”. Sin caer en exageraciones ni manipulaciones, es bueno que en cada comunidad parroquial se institucionalicen momentos específicos para el anuncio kerigmático, en clima de fervor, alegría, fraternidad sincera (ENCA 2007)

12.La catequesis familiar como camino de iniciación cristiana de adultos.

La metodología de la Catequesis Familiar fue un acontecimiento de suma importancia en la catequesis de nuestro país, y tomó fuerza a partir de las orientaciones del IIº Congreso Catequístico Nacional
[59]. En poco tiempo se fue difundiendo e imponiendo hasta en los rincones más alejados y en las situaciones más disímiles.
Las bondades y respuestas que la misma aportó –y aporta- a nuestra praxis catequística tradicional es grande: logra que los padres se involucren en el proceso catequístico de sus hijos, se evangeliza al adulto y a toda su familia, ésta se integra muchas veces a la vida de la comunidad parroquial, mejora la calidad de la catequesis de los niños, etc.
- La CF siempre ha de ser primordialmente una catequesis de adultos. Una verdadera iniciación (o re-iniciación) cristiana para estos cristianos que  la mayoría de las veces han vivido muy alejados de la vida de la Iglesia. La catequesis a los matrimonios deberá atender más a la situación y progreso en la vida de fe de los adultos que a la situación e itinerario que va realizando el hijo.
6.3.1 Iniciación a la vida cristiana
286. Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable.

287. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que
en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.

288.
La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.

6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana

289. Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre 1experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión.

290. Recordamos que
el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia “tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos”2. Se trata de una experiencia que introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama “catequesis mistagógica”.

291. Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un
aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos , presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.

292. Como rasgos del discípulo al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía. Que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.

293. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el kerygma quieren abrazar la fe.
En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.

294. Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida.

297. Los desafíos que plantea la situación de la sociedad en América Latina y El Caribe requieren una identidad católica más personal y fundamentada. El fortalecimiento de esta identidad pasa por una catequesis adecuada que promueva una adhesión personal y comunitaria a Cristo, sobre todo en los más débiles en la fe 3. Es una tarea que incumbe a toda la comunidad de discípulos pero de manera especial a quienes, como obispos, hemos sido llamados a servir a la Iglesia, pastoreándola, conduciéndola al encuentro con Jesús y enseñándole a vivir todo lo que nos ha mandado (cf. Mt. 28, 19- 20).

298. La catequesis no debe ser sólo ocasional, reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana, sino más bien “un itinerario catequético permanente”4

302. La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente. Para que la familia sea “escuela de la fe” y pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos, momentos celebrativos, que le permitan cumplir su misión educativa. La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana.
La familia, pequeña Iglesia, debe ser junto con la Parroquia el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños5. Ella ofrece a los hijos un sentid o cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros.

303. Es además un deber de los padres, especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos para el amor como don de sí mismos y la ayuda que ellos le presten para descubrir su vocación de servicio, sea en la vida laical como en la consagrada. De este modo, la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las experiencias de la vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y la madre para que cuiden de ellos y los acompañen hacia la plenitud de vi da. La “catequesis familiar”, implementada de diversas maneras, se ha revelado como una ayuda exitosa a la unidad de las familias, ofreciendo además, una posibilidad eficiente de formar a los padres de familia, los jóvenes y los niños, para que sean testigos firmes de la fe en sus respectivas comunidades.


13. El “Catecismo de la Iglesia católica” (1992) hará algunas aportaciones importantes a nivel de iniciación y ecuménico.
Recuerda la praxis de iniciación de la Iglesia antigua, que implicaba “un largo período de catecumenado”, afirma sin ambages que el catecumenado pertenece al bautismo, “por su misma naturaleza”, y por tanto no se debe prescindir de él, sea en un momento u otro del proceso de iniciación:
Desde que el bautismo de niños vino a ser la forma habitual de celebración de este sacramento, ésta se ha convertido en un acto único que integra de manera muy abreviada las etapas previas a la iniciación cristiana. Por su naturaleza misma, el bautismo de niños exige un catecumenado postbautismal.
No se trata solo de la necesidad de una instrucción posterior al bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis”6.

14. El “Directorio General para la Catequesis” (1997) trata de este desarrollo, de modo especial a través de la catequesis en sus diversas formas, y a través del catecumenado prebautismal o de los “catecumenados” postbautismales o “cuasicatecumenados”.
Recogiendo un texto del antiguo Directorio de catequesis, nos recuerda que “el modelo de toda catequesis es el catecumenado bautismal, que es formación específica que conduce al adulto convertido a la profesión de su fe bautismal en la noche pascual”7 … toda catequesis debe estar animada por una “inspiración catecumenal”8, … “el catecumenado bautismal es el lugar típico de catequización”9.
A lo largo de todo el documento destaca la mutua relación y continuidad que existe entre los diversos momentos integrantes del proceso de iniciación: misión – evangelización – catecumenado – catequesis – sacramentos de iniciación, pues todo ello constituye un conjunto integrativo de la totalidad del proceso.
Lo califica como “proceso evangelizador o de evangelización” que implica: “testimonio cristiano, diálogo y presencia de la caridad, anuncio del evangelio y llamada a la conversión, catecumenado e iniciación cristiana, formación de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios”10.Y refiriéndose a la “coordinación de la catequesis” con otros aspectos de la misión dice: “La situación actual de la evangelización postula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciación, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal unitario11.
Esta coordinación es necesaria no sólo para el caso de los adultos no bautizados, sino también para aquellos “adultos bautizados que no recibieron una catequesis adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación cristiana; o que se han alejado de la fe, hasta el punto de que han de ser considerados “cuasicatecúmenos”.
… “se trata de impulsar una catequesis postbautismal, a modo de catecumenado, que vuelva a proponer algunos elementos del Ritual de la iniciación cristiana de adultos, destinados a hacer captar y vivir las inmensas riquezas del bautismo recibido”12. Se trata de un “cuasicatecumenado” que también puede proponerse a los jóvenes, teniendo en cuenta las diversas situaciones: “Entre las diversas formas de catequesis de jóvenes, hay que prever, teniendo en cuenta las situaciones, un catecumenado juvenil en edad escolar, una catequesis que complete y culmine la iniciación cristiana; una catequesis sobre cuestiones específicas; así como encuentros más o menos ocasionales e informales”13 Teniendo en cuenta que hoy la evangelización de los jóvenes requiere más una acción evangelizadora precatecumenal que una acción catequética catecumenal14.
Una cuestión decisiva es “quién realiza esta tarea”. Por eso insiste en la gran importancia que tiene la comunidad cristiana, que es la que “debe ayudar a los candidatos y a los catecúmenos durante todo el período de la iniciación…”15; pero sobre todo en la insustituible función del catequista, especialmente durante el catecumenado o “cuasicatecumenado”, por lo que se requiere que tenga una formación especial por la que se pretende que “el catequista pueda animar eficazmente el itinerario catequético”16, siendo al mismo tiempo “maestros, educadores y testigos”17
Para ello, si es preciso, ellos mismos deben seguir un proceso catecumenal: “Cuando la fe de los catequistas no es todavía madura, es aconsejable que participen en un proceso de tipo catecumenal para jóvenes y adultos. Puede ser el proceso ordinario de la propia comunidad o uno creado expresamente para ellos”18


15. Conclusión: desde el Vaticano II el tema tiene una presencia permanente en casi todos los documentos dirigidos a la Iglesia universal. Con contenido y aplicaciones pastorales diferentes, según se trate del catecumenado de adultos no bautizados, o del “catecumenado” de adultos ya bautizados: en el primer caso, es debe aplicarse lo que afirma la AG 13-14 y lo que se propone en el “Ritual de la iniciación cristiana de adultos”; en el segundo caso, se trata de un proceso o itinerario catecumenal, o “a modo de catecumenado”, que aplica la dinámica y etapas a las diversas situaciones de los ya bautizados, pero no plenamente evangelizados ni catequizados ni sacramentalizados (porque no han recibido aún la confirmación, y a veces tampoco la eucaristía). Se trata de una situación que se ha incrementado en los últimos años, debido a una secularización y descristianización progresiva, que reclama con urgencia la evangelización o la “nueva evangelización”. Se trata de una situación que replantea la misma iniciación cristiana, y el puesto que en ella debe ocupar el catecumenado, en cuanto que pertenece a su misma naturaleza y estructura.

16. Una mirada a los comienzos (miniretiro)
Cómo fue la primera iniciación cristiana?
Es la que hizo el propio Jesús con sus primeros discípulos. Los invito a sumergirnos en los Evangelios desde esta perspectiva, sentirnos nosotros iniciados a la vida cristiana por el propio Jesús con aquellos primeros discípulos.


Textos de los primeros llamados en Juan y en los sinópticos.


Jn.1, 32-36: el testigo es “mediador” del llamado… ¿Quiénes fueron nuestros testigos?
Jn.1, 37: “siguieron”, respuesta humana de búsqueda, el corazón se prepara para el encuentro…
Jn.1, 38: el diálogo se establece a partir de la “búsqueda” de los futuros discípulos… (Emaús: “de qué venían conversando…?”)
Jn.1, 39: “Vengan y vean” (palpen, experimenten, compartan la mesa y el hogar, ¡discípulos!). La iniciación cristiana no es primero estudio, conocimiento intelectual, doctrina… es encuentro personal “con todo nuestro ser” con Alguien personal… Sin este encuentro, todo lo demás no nos hace “cristianos”(partícipes de la unción y misión del “Cristo”).Para este encuentro hace falta tiempo, convivencia… “se quedaron con él el resto del día”. Recuerdo imborrable: “eran las cuatro de la tarde”.
¿Qué recuerdos imborrables” han marcado nuestro personal seguimiento de Jesús?


Jn.1, 40-42: el discípulo se hace testigo, mediador del llamado.
  • Mc.1,35-39: Jesús Maestro, oración, anuncio, sanación (salvación)
  • Mc.1,40-45: “toca” y se hace impuro… (Samaritana, prostituta, niños… centurión, Nicodemo… TODOS)
  • Mc,2, 13-17: ¿A qué “familias” evangelizamos nosotros… qué sectores sociales…?
  • Mc.2,27: recordemos el lamado “Concilio” de Jerusalén… “solo lo imprescindible…” Es así en nuestras catequesis, en nuestras comunidades,…?
  • Mc. 3, 13-15: “llamó a los que El quiso” – “y vinieron a El”… “para ESTAR con El, y para ENVIARLOS A PREDICAR, dándoles poder para ECHAR A LOS DEMONIOS”… discípulos, testigos, misioneros… para que tengan VIDA y vida en abundancia.
  • Mc.3, 31-34: la familia de Jesús… todo el que hace la voluntad de Dios… ¿nuestras comunidades?
  • Mc.6,12: anuncio – conversión – signos “sacramentales”
  • Mc.6,34: los sentimientos del corazón del Maestro, deben ser los del discípulo.

17. Catequesis Familiar, Iniciación Cristiana, Catecumenado... en la perspectiva de la renovación de la Catequesis Conciliar (P.Alejandro Puiggari)
I. Se suele decir en nuestra tierra, con gran sabiduría: "Una frase fuera de contexto, resulta siempre un pretexto". Pues bien, siempre contextualizar las cosas, ayuda, hace bien. Mucho más cuando, como hoy, se introduce en medio de un Congreso sobre la Catequesis Familiar, el tema del Catecumenado de adultos.
¿Por qué hablar de Catecumenado de adultos y no de otras catequesis?
Cuando miramos la renovación de la catequesis a la luz del Concilio, se nos hace familiar conceptos como pedagogía de Dios, Iniciación Cristiana, Catequesis de Adultos... Todos ellos están en la base de la Catequesis Familiar. Han sido ejes inspiradores de este modo, al mismo tiempo novedoso y antiguo, de iniciar eucarísticamente a los niños de hoy.
Pero también, de manera semejante, el catecumenado de adultos con la promulgación del RICA19 (ORDO INITIATIONIS CHRISTIANAE ADULTORUM - 1972). ha sido otro aporte actual y la vez también histórico de iniciar cristianamente al adulto de hoy.
Nadie de ustedes dudará de que al hablar de Catequesis Familiar de Iniciación Eucarística, no nos quedamos reducidos tan solo a los niños, sino que hablamos realmente de una catequesis de adultos.
Pues bien, cabe aquí hacerse algunas preguntas... ¿La catequesis familiar y el catecumenado son dos modos distintos de iniciación cristiana? O ¿hay elementos en común? ¿Ha habido diálogo y enriquecimiento mutuo? O ¿han sido caminos demasiado aislados el uno del otro?
No pretendo en esta exposición dar respuesta acabada a esta cuestión. Sí aspiro a instalar el tema, y compartir algunos elementos que sirvan para el trabajo que venimos realizando.


II- El Catecumenado de Adultos como modelo inspirador de la acción catequizadora de la Iglesia:
Recuerdo que un profesor de Pastoral nos solía advertir al iniciar el tratamiento de los temas, que siempre era prudente no dar por supuesto los términos, y dedicar al modo de una lección propedéutica, la clarificación de lo que se va a tratar.
Aquí estoy cierto de que esto no es necesario.
Sin embargo permítanme que me detenga brevemente en aclarar los términos.

  1. Con respecto a la Iniciación Cristiana, prefiero ser cauto en lo que exponga, ya que en estos momentos se está trabajando un documento de la CEA. Hago propio lo que el equipo de Adultos nos hiciera llegar.
  2. Con respecto al Catecumenado, creo conveniente hacer cuatro aclaraciones:
  • Cuando me refiero a Catecumenado de Adultos me estoy refiriendo al Catecumenado Bautismal, tal como se nos es presentado en el Directorio Catequístico General 20
  • Y hablaré de catecumenado post-bautismal, sobre todo refiriéndome a lo que el mismo Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos menciona en el capítulo IV. Este capítulo fundamentará de un modo especial lo que solemos definir como estilo catecumenal.
  • Cuando me refiero al catecumenado post-bautismal, o estilo catecumenal, no doy cuenta de lo que se conoce como Camino Catecumenal, fundado por Kiko Arguello. Este, si bien reconoce algunos fundamentos comunes, tiene sus características propias, y está más cercano a un camino catequístico y de espiritualidad propias con muchos elementos comunes a los de los nuevos movimientos con que el Espíritu ha embellecido a la Iglesia en el final del siglo pasado.
  • Las modas pastorales traen siempre algo de superficialidad. Y en el caso del catecumenado. el término sufrió una cierta prostitución semántica, siendo muchas veces utilizado, como un título marketinero para presentar una jornada de un día, un curso de catequesis o una simpática convivencia. Si el pobre San Agustín viera hoy con qué ligereza utilizamos hoy su querido catecumenado, ciertamente moriría de un infarto! De ahí que debamos ser fieles al hablar de catecumenado con aquello que a lo largo de la historia, y especialmente hoy, se quiere designar21.
Por eso, creo que nos será de utilidad, remarcar ciertas afirmaciones que el Directorio hace del Catecumenado, teniendo siempre presente que estamos reflexionando sobre la Catequesis Familiar. Lo hacemos, con el convencimiento de que así, desarrollamos una primera afirmación sobre la relación entre catequesis familiar y catecumenado. ¡Hay muchos elementos en común!
El Directorio Catequístico General en el número 90, presenta al catecumenado como inspirador de toda la catequesis. De ahí, que las notas del catecumenado, deban estar presente también, con sus matices, en la catequesis familiar.
    • El catecumenado bautismal recuerda constantemente a toda la Iglesia la importancia fundamental de la función de iniciación
    • El catecumenado bautismal es responsabilidad de toda la comunidad cristiana. (...)La institución catecumenal acrecienta, así, en la Iglesia la conciencia de la maternidad espiritual que ejerce en toda forma de educación de la fe.
    • El catecumenado bautismal está impregnado por el misterio de la Pascua de Cristo. Por eso, "conviene que toda la iniciación se. caracterice por su índole pascua".
    • El catecumenado bautismal es, también, lugar inicial de inculturación. Siguiendo el ejemplo de la Encarnación del Hijo de Dios, hecho hombre en un momento histórico concreto, la Iglesia acoge a los catecúmenos integralmente, con sus vínculos culturales.
    • Finalmente, la concepción del catecumenado bautismal como proceso formativo y verdadera escuela de fe, proporciona a la catequesis post-bautismal una dinámica y unas características configuradoras: la intensidad e integridad de la formación; su carácter gradual, con etapas definidas; su vinculación a ritos, símbolos y signos, especialmente bíblicos y litúrgicos; su constante referencia a la comunidad cristiana...
La catequesis familiar y el catecumenado son dos flores de la gran primavera del Espíritu que ha sido para toda la Iglesia el Concilio. Son dos frutos de esta renovación catequística que nos ha permitido superar –por lo menos en la teoría- el clericalismo, adoctrinamiento y sacramentalismo de nuestra pastoral.
La catequesis familiar y el catecumenado son dos intentos serios de asumir el desafió de ser discípulos misioneros para que nuestros pueblos tengan vida plena en El.
III- Catequesis familiar y catecumenado de adultos: dos modelos de Iniciación Cristiana que se enriquecen mutuamente.
Muchos de ustedes conocen el principio utilizado, en la relación catequesis y enseñanza religiosa, de "distinción y complementariedad". Permítanme proponerles que juguemos con ella como primer modo de aproximarnos al tema.
Creo que la catequesis familiar y el catecumenado ciertamente se distinguen. No son lo mismo. Pero creo aún más, que se complementan.
La vida pastoral de la Iglesia ve con frecuencia ciertos movimientos pendulares entre la distinción que de alguna manera separa, y la tendencia a la identificación que puede, a veces, confundir. Un ejemplo de ello es kerygma y catequesis. Otro, podemos hallarlo con las tres grandes tareas de la Iglesia: la catequesis, la liturgia, la caridad. Es lógico de todo proceso personal y aún pastoral el que siempre haya primero un tiempo fundacional de fuerte autoafirmación y cuidado del carisma e identidad. Nos pasa como personas, nos pasa como instituciones, nos pasa en nuestras opciones pastorales.
Pero es justamente signo de madurez, la capacidad de integración, de abrir el horizonte, de realizar el ejercicio sabio aunque martirial del diálogo pastoral... La capacidad de resignificar y de actualizar la intuición fundante, de ofrecer el bálsamo rejuvenecedor de la autocrítica, son siempre aportes auténticos a una evangelización nueva, embellecida por la sinfonía de lo diverso y por el calor de la comunión que nos hace pueblo fiel. Así, evitaremos el riesgo de cierta pastoral de escritorio, siempre seductora a las elites ilustradas.
Insisto en esto, porque creo que hay una deuda pendiente en este tema.
El catecumenado, ha sido asumido con más empatía desde lo litúrgico, corriendo el peligro de ser muchas veces abordado más como pieza de restauración patrística, que como respuesta nueva a este cambio epocal.
Pero también, no ha faltado el repliegue autista sobre la catequesis familiar, con el peligro de estar dando a luz un nuevo fundamentalismo, en el que todas las respuestas pastorales ya están dadas, no habiendo lugar para las preguntas, las búsquedas...en última instancia, no respetando la misma vida.
Se hace necesario que desde la Catequesis Familiar se mire, se conozca, se reflexione sobre el Catecumenado, porque ambos modelos, creo se complementan, ¡mucho más de lo que pensamos!
IV- Sintonías y aportes del Catecumenado de Adultos con la catequesis Familiar
Hablo primero expresamente de sintonía del Catecumenado de Adultos con la Catequesis Familiar, ya que quiero remarcar lo que hay de común. Perdón mi insistencia, pero creo que ambos responden a un misma raíz de renovación catequística y conciliar.
Pero señalo también, o más bien, intento balbucear algunos aportes que entiendo el catecumenado puede brindar a la catequesis familiar. Con la aclaración, que señalar estas partes, para nada quiere ser marcar una superioridad. Vale tener presente, lo dicho anteriormente, sobre la distinción y la complementariedad.
Queda en deuda, sin duda, señalar los aportes de la catequesis familiar al
catecumenado. Quizás, pueda ser una tarea futura de muchos de los aquí presentes.
  1. Ambas son catequesis de Iniciación. Y esto es muy importante, y es un gran aporte que nos permite ir superando una mentalidad sacramentalista, de catequesis pre-sacramental. Pero nadie podrá negar, que la sabiduría catecumenal, con su inspiración patrística y su gradualidad, ha sido a lo largo de la historial el paradigma de la Iniciación Cristiana.22
  2. Ambas son catequesis de Adultos. Y esto es de suma importancia. Y uno de los grandes méritos de la Catequesis Familiar consiste justamente en haberle permitido a la Iglesia superar cierto infantilismo de su catequesis, ya en su modo de concebirla o en lo restringido de sus destinatarios y agentes.
  3. Ambas priorizan la Comunidad ayudando a superar la catequesis relegada solamente al sacerdote o a un grupo de catequistas. Con la Catequesis Familiar los padres reasumen una tarea que habían delegado y casi renunciado. Vuelven a ser educadores de la fe de sus hijos. La Iglesia se ve enriquecida con el rostro de las iglesias domésticas, que la hacen viva, le dan calor de hogar. Se produce la incorporación de hombres a la vida de la parroquia, se permiten procesos de corresponsabilidad, la comunidad cristiana saca carnet de adultez... _Y a esta riqueza de la catequesis familiar, el catecumenado puede ofrecer un proceso gradual de ritos y signos, que celebrado comunitariamente hará posible experimentar la maternidad de la Iglesia, un proceso de iniciación cristiana que nace, se realiza y culmina en la comunidad. En ambas catequesis, la Iglesia no es tanto un contenido que se explica, sino una experiencia que se comparte.
  1. Ambas hacen presente una catequesis kerygmática y pascual. ¿Cuantos son los padres de los niños que comienzan con cierto enojo la catequesis de sus hijos, y terminan después renovando su vida cristiana, incluso con la recepción de los sacramentos? Pero justamente el catecumenado ¿no podrá aportar elementos válidos a la hora de acompañar este proceso del adulto? No significa hacerle hacer otro camino. No creo que sea conveniente que a quien esté haciendo el proceso de catequesis familiar se le pida que también haga un catecumenado. Pero ambos procesos ¿no podrán complementarse? ¿No podrá haber ritos comunes?
  1. Ambas están signadas por la pedagogía de la fe, con una fuerte impronta bíblica y rica en gestos y ritos. Ambas presuponen un modo de entender la catequesis que dista del mero adoctrinamiento o enseñanza de doctrina. Hacen presente la renovación conciliar y catequística. Y la catequesis familiar, en muchas de sus concreciones, refresca a la catequesis toda, con la creatividad de sus gestos y celebraciones.
  2. Ambas quieren ser intentos de una catequesis inculturada, que partan de la realidad del adulto, una mirando especialmente su contexto familiar; otra, incorporando su propia historia de salvación. Pero sobre todo ambas quieren respetuosamente reconocer las auténticas "semillas de la Palabra23" esparcidas en sus vidas y búsquedas personales y familiares.
G. Ambas quieren ser un verdadero proceso formativo en la fe, tendiente a configurar el discípulo y favorecer la comunión con el Maestro. Desde la experiencia de los padres en repensar su fe para comunicar a sus hijos, desde el camino pautado pero gradual del catecumenado, se busca facilitar el proceso de conversión, que lleve a una mayor comunión e identificación con la vida y enseñanza de Jesús. Esto está particularmente presente en los distintos ritos del catecumenado
f. Ambas desean hacer presente una Iglesia misionera, que sale al encuentro, que propone con entusiasmo, que contagia, que anuncia, que nada tiene de un mero adoctrinamiento narcisista, gnóstico y autorreferencial24.
V- Pistas para la implementación de una Catequesis Familiar con estilo Catecumenal.
A esta altura de la exposición, quiero tan sólo proponer algunas pistas para una implementación de una catequesis familiar con estilo catecumenal.
Señalaré sólo seis, aunque soy consciente de que pueden ser muchos más.
  1. En recuperar cada vez más el concepto de Iniciación Cristiana, como telón de fondo de todo el proceso catequístico. Esto trae aparejado un partir siempre de lo bautismal, recuperando más la memoria del propio bautismo25 como el lugar del padrino en el acompañamiento del proceso de la iniciación eucarística de su ahijado. Creo que hay que ampliar el horizonte familiar, y creo que en lo del padrino hay mucho todavía para andar y resignificar.
  2. También permitirá una mirada unitaria de los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Para nada aquí quiero entrar en el orden pastoral de recepción de la Confirmación. Pero sí, hacer notar la necesidad de una presentación teológica correcta de los sacramentos, realzando de un modo especial la centralidad de la Eucaristía y el domingo como día Pascual, que da sentido a nuestra semana, a nuestra historia y a nuestro tiempo.
  3. Respetar las etapas fundamentales del catecumenado y estudiar cómo se las puede adaptar al proceso de catequesis familiar. (Precatecumenal – catecumenal - purificación - mistagógica), con sus características, contenidos y ritos propios, sin precipitaciones e improvisaciones. El estudio del proceso catecumenal ayudará a darle a la catequesis familiar un cierto dinamismo catecumenal, que enriquecerá por cierto todo su carácter iniciático.
  4. La incorporación de los padres de catequesis familiar a las grandes celebraciones del catecumenado de adultos, ayuda a confirmar el camino que el grupo está realizando en la catequesis familiar y a la vez permite seguir creciendo en la conciencia y valorización de la catequesis de adultos en una iglesia demasiado acostumbrada por preocuparse solamente en el niño. Constato con preocupación que en más de una ocasión, aún en la catequesis familiar se sigue girando solamente en torno a la primera comunión del hijo. Por eso, este proceso catecumenal de la catequesis familiar ayudará a poner más, en la vida cotidiana de la comunidad, el tema del adulto. Se animará así a muchos adultos a entrar en este proceso de catequesis que no necesariamente tiene que estar siempre ligado con la primera comunión de un hijo26. En este sentido, es muy interesante comprobar como después de ciertos ritos como el de la admisión o elección del nombre realizados en la Misa Comunitaria, son muchos los adultos que se acercan a preguntar por el Catecumenado. Si esto lo podemos ampliar al itinerario de la catequesis familiar, facilitará el ir creando una mentalidad abierta a que la catequesis es un itinerario permanente donde no hay edades exclusivas.
  1. Ayudar a que la catequesis familiar tenga un marco comunitario más amplio que el del propio grupo de padres o de catequesis. Un acierto del RICA es toda la insistencia que se hace de lo comunitario. Es la comunidad la que acoge, acompaña, celebra e incorpora al catecúmeno, ofreciéndole su testimonio, la posibilidad de una auténtica experiencia cristiana y de los diversos ministerios o compromisos para hacerla real y operante.
  2. La incorporación de toda la riqueza de la piedad y religiosidad popular tan presente en los santuarios, y que en sus catecumenados han ido forjando formas y modos de expresar y celebrar su fe.. Ya no estamos ante el catecismo, ni siquiera ante la mediación primaria del encuentro catequístico, Estamos pisando tierra sagrada.... Sólo nos queda contemplar, porque esta " síntesis de verdad, belleza y bien no es algo que haya que inventar: es propio de la Palabra encarnada, y allí donde esta Palabra ha sido acogida por un pueblo, incorporada en su cultura, esa síntesis es lo que llamamos "religiosidad popular"27. Nos recuerda Puebla: " la religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responden con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia (Puebla 449).
Por eso creo y me animo a insistir en este diálogo fecundo entre catequesis familiar y catecumenado. Para no privamos de ese amor de Dios que crea pueblo, hace posible la cultura y nos permite acompañar la vida.


V- La Catequesis Familiar y el Catecumenado ante el desafío de Aparecida:
Estamos abocados en este Encuentro Nacional a temas de mucha actualidad. Somos conscientes de la crisis de Iniciación cristiana que vivimos hoy. Pero no queremos quedamos paralizados por el miedo. Estos días quieren ser un Kairos de comunión y esperanza.
Por eso estamos aquí, en camino de búsquedas, con la certeza que nos da la confianza en el Espíritu. Queremos de alguna manera, que la experiencia eclesial de Aparecida nos siga guiando y animando.
Venimos a relanzar, a repensar.a renovar... no a repetir, a replegarnos
Hemos intentado reflexionar sobre algunos puntos vinculados a la catequesis familiar a la luz del catecumenado. Lo hacemos con la fuerte convicción de que ambos son expresiones de una catequesis kerygmática en el marco de una Iglesia en clave misionera.
Es necesario en este comienzo de siglo XXI potenciar la praxis evangelizadora de la Iglesia. Ante el abandono en todo o en parte de la vida cristiana de los adultos ,se hace necesaria una re-iniciación. Siempre es oportuno tener presente la aguda observación de Casiano Floristan : " en la Iglesia primitiva se bautizaba al convertido, hoy necesitamos convertir al bautizado" ¿Cómo? Ayudándolo a ser discípulo, a tener la experiencia de un Dios vivo.
Este será, quizás, el más grande desafío de nuestra pastoral hoy.
Para ello el Señor nos llama a centranos en la VIDA, a cuidar y acompañar la tierra de la VIDA que es la familia.
Hay una experiencia fundante de todo hombre que quiere vivir feliz: ser amado y poder amar! Ser amado, ser discípulo... Allí, estará el contenido nuevo de toda iniciación cristiana: Dios te ama y por eso dio la vida por Vos, para que Vos tengas vida plena en El- ¿Cómol? Comunicacndo, trasmitiendo esa misma vida, esa buena noticia de la vida.
No podemos replegarnos frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas o ante quienes pretender cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu.” (DA 11)
Por eso no nos asustan ni las nubes, ni siquiera el humo del camino.
Es verdad que hay muchas tinieblas, mucha fragmentaci
ón, mucha orfandad... Por eso, tiene sentido relanzar la catequesis familiar, para que desde la mesa que también tiene mucho de altar, podamos ser artesanos de la memoria. Esto nos permitirá caminar: "No olvides al Señor que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud" (Deut. 6,12). ¡debemos pedir a Dios la audacia y el fervor que nos permita ayudar a recordar! "Presta atención y ten cuidado para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos... (Deut 4,9). En la memoria trasmitida y celebrada encontraremos como pueblo la fuerza necesaria para no caer en miedo que paraliza y angustia.
Por eso, desde nuestro servicio humilde y constante de la catequesis familiar y del catecumenado debemos seguir anunciando el Kerygma, iniciando a la Vida Plena. Para eso, será necesario abandonar las estructuras caducas. Y asumir que la misión, será más que nunca salir de lo eclesiástico para vivir lo auténticamente católico, en donde se acortan distancias y se resignifica la existencia, formando comunidad...
Son tareas de siempre, pero que hoy se hacen más urgentes, indispensables. Y ya que nuestra cultura está enferma de individualismo, sufriendo la peor de la anemias, la de los vínculos, que hace que el diálogo tenga hoy forma de chateo, donde hasta se puede engendrar la vida sin contacto con el otro, nosotros desde la utopía de la Catequesis, planteamos la teofanía del "nosotros". Nos reunimos desde la catequesis familiar o desde el catecumenado para actualizar nuestra pertenencia común que tiene como fuente el Bautismo. Y le proponemos al mundo, un camino de esperanza y de comunión que nos da identidad y nos permite ser hijos, hermanos y miembros del pueblo de Dios28.

Y esto, sencillamente porque no podemos callar, se lo tenemos que contar a nuestros hijos y a las nuevas generaciones. Es que Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado...” (DA 18)

[20] Ver: NMA. 90.
[21] Id. 91.
[22] NMA. 92.
[23] Ecclesia in America (=EA), 3.
[24] Ver: CT. 24.
[25] CT. 67. Ver también Directorio Catequístico General (=DCG), 69-70 y 220-221.
[26] JEP. 73.
[27] NMI. 43.
[28] Ver EA. 41 y el ya citado CT 24.
[29] Ver: NMA. 92.
[30] DCG. 158.
[31] JEP. 67-71.
[32] Ver: EN. 15.
[34] Ver: DCG. 33.
[35] Ver: DCG. 61 y NMA. 77.
[36] DCG.53-55.
[37] Id. 62.
[38] Nuevo Diccionario de Catequética. San Pablo. Madrid 1999: La iniciación cristiana.
[39] Catecismo de la Iglesia Católica (=CEC); es importante ver los números 1229 á 1233 y lo referente al bautismo de adultos y al de niños: 1246-1255.
[41] Ver: DCG. 67-68.
[42] Ver: DCG. 84-87.
[50] Ver: CT. 43. Ver también: JEP. 56.
[52] JEP. 50.
[53] Ver: EA. 43. CT.24. Consultar también el documento: “Orientaciones para las comunidades eclesiales de base”, de la CEA. Oficina del Libro.1998.
[54] LPNE. 43.
[55] CIC: Cns. 528; 757; 773; 776-777; 779.
[59] Ver: JEP. 77-81. 84. 88-89.
1 Cf. Símbolo Quicumque: DS 76.
2 SC 64

3 Cf. BENEDICTO XVI, Discurso en el Encuentro con los Obispos de Brasil, 11 de mayo de 2007.
4 DI 3
5 SC 19
61231
7DGC 59. Cf. Directorium catechisticum generale (11 abril 1971), n. 20. Recuérdese que esta afirmación ya
la hacía la Catechesi Tradendae, n. 43.
8DGC 35. Cf. 68, 256.
9Ibid., 256.
10Ibid., 47. Cf. AG 11-14; EN 18-20.
11Ibid., 277. Cf. 272, 276.
12Ibid. 258. Es este un empeño que puede realizarse con motivo de los “encuentros presacramentales”: Ibid.
258,b.
13Ibid., n. 185.
14Ibid., 185.
15Ibid., 256.
16Ibid., n. 235
17Ibid., 237.
18Ibid., n. 247,b.
19 Para una profundización del RICA, Cf. Francisco Merlos, Lectura teológica del ritual para la Iniciación cristiana de adultos, en Medellín, junio 2003, pp.278-290.

20 En el anexo 1, cito algunos textos del DCG y bibliografía adecuada para el tema del Ccatecumenado.
21 Miguel Ángel Keller„ La Iniciación Cristiana, Consejo Episcopal Latinoamericano (CELA M), Colombia, 1995, p.142 y 14822 Cf. DCG 90.23 Cf. CT 53.24 Cf. Homilía del Card. Bergoglio al inicio de la Asamblea Plenaria Episcopal del 7 de abril de 2008.
25 Paulo VI afirmaba el 19 de enero de 1979 "El bautismo, quicio de nuestra vida cristiana, era precedido en la iglesia primitiva por una preparación . Hoy, esta preparación debe ser completada por una iniciación en el estilo de vida propio del cristiano, sucesiva al bautismo, por un entrenamiento práctico de la fidelidad cristiana, por una integración efectiva en la comunidad de los creyentes , por una evangelización gradual e intensiva que renueva, en cierta manera , el catecumenado de otros tiempos. Quien ha sido bautizado tiene la necesidad de volver a comprender, pensar y apreciar el sacramento recibido"

26 "Por lo demás, sin descuidar de ninguna manera la formación de los niños, se viene observando que las condiciones actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo la modalidad de un catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que, tocados por la gracia, descubren poco a poco la figura de Cristo y sienten la necesidad de entregarse a Él (CT 44)

28 Cf. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Exposición el Encuentro Arquidiocesano de Catequistas, Bs. As. 12 de marzo de 2005

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